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‘¡Ay, Carmela!’: Una función en tiempos de guerra Por Javier Mateo Hidalgo+

/ JAVIER NAVAL

Esta es la historia de unos cómicos de la legua, que cruzan con su carromato los pueblos de la geografía española. Allá por donde pasan tratan, con su arte, de hacer olvidar por unos instantes la cruda realidad que rodea a quienes deciden escucharles. Estas personas, no decidieron vivir, como esos cómicos, aquella época en la que se encontraban. Tiempo de guerra, de destrucción y de enfrentamiento entre hermanos. Un aire en el que se respira pólvora e ideales a partes iguales, porque una es consecuencia de la otra y viceversa. Dicen que en las guerras no hay vencedores sino vencidos. Cientos de miles de mutilados tanto física como espiritualmente que avanzan como muertos vivientes hacia una continuación de sus vidas. Porque el espectáculo debe de continuar. Todas estas personas que no han sido sino víctimas de las decisiones de unos pocos (esos que se colocan en los últimos puestos de las batallas para no resultar perjudicados) son las que cuentan este relato. Una fábula humana en sí misma, con todo lo que pueda tener de defectos y virtudes, de luces y de sombras. El contexto puede entenderse casi como una excusa para dejar salir el alma descarnada del individuo, posicionándose defendiendo aquellas cosas en las que debe de creer firmemente. Esta seguridad, convencimiento o firmeza (puede haber muchos modos de definirlo) es algo que hasta hace bien poco parecía escasear en la actualidad, pero que con los nuevos acontecimientos sociales parece de nuevo despertar. Las personas abandonan su letargo y se sienten de nuevo vivas, ante aquello que les está tocando vivir.

/ SEBASTIÁN DAHI

‘¡Ay, Carmela!’ utiliza en su título el verso de una canción que se hizo bien popular en estos tiempos que aquí se narran. Porque, a pesar de haber una guerra, a pesar de haber aparentemente más destrucción que construcción en un mundo que parecía tocar a su fin, todavía quedaba la poética de las personas que la vivieron. Todavía brillaba su humanidad como canto de esperanza. Y es precisamente esta cualidad puesta en valor la que pone en pie a cada uno de los protagonistas de la obra teatral de José Sanchís Sinisterra.

Con ‘¡Ay, Carmela!’ el público siente la empatía a flor de piel y se deja llevar, como un sonámbulo bien despierto. Conseguir extraer estos sentimientos y hacerlos visibles es algo que ha conseguido de forma espectacular esta nueva adaptación de la pieza teatral

Porque, muchas veces, una debilidad puede ser más poderosa que una fortaleza, y estos personajes tienen esa madera de anti-héroes tan fascinante y cautivadora. Con ella el público siente la empatía a flor de piel y se deja llevar, como un sonámbulo bien despierto. Conseguir extraer estos sentimientos y hacerlos visibles es algo que ha conseguido de forma espectacular esta nueva adaptación de la pieza teatral. El mérito es, sin duda, de una acertada adaptación a cargo de José Luis García Sánchez, de una puesta en escena intachable de Andrés Lima, de unas interpretaciones sinceras y valientes (inmensos Inma Cuesta, Javier Gutiérrez y Marta Ribera) y de una música capaz de trasladar la esencia de una época a una actualidad bien exigente.

/ SEBASTIÁN DAHÍ

«Los espectáculos tienen la extraña peculiaridad de hermanar durante el tiempo de su duración a personas de distinta clase social, ideología y creencias»

Carmela y Paulino, dos polifacéticos personajes que lo mismo te cantan una copla que te coreografían unos versos picantones, representan esa profesión siempre tan desprestigiada durante tantos siglos (y puesto casi a la misma altura que la de la prostitución) de los artistas. Ni tan siquiera tras su muerte podían descansar, puesto que no se les permitía enterrárseles en sagrado. Sin comerlo ni beberlo, deben de ganarse la vida entreteniendo a todo tipo de gente. Los espectáculos tienen la extraña peculiaridad de hermanar durante el tiempo de su duración a personas de distinta clase social, ideología y creencias. La gente busca distraerse y divertirse, y esto es precisamente lo que crea este tabula rasa.

/ SEBASTIÁN DAHÍ

Pero además, Carmen y Paulino son pareja. Les une este destino común, esta vida elegida vocacionalmente (es decir, no siendo uno la que la elige realmente sino más bien ella a ti). Junto ellos, convive un tercer personaje, Gustavete. Este personaje, es a la vez narrador, en realidad el más importante de todos. Él nos tiene al tanto de todo cuanto ocurre, siendo capaz de unir tiempos y espacios bien distintos, actuando como una especie de Dios teatral que maneja a su antojo el desarrollo de la obra de teatro. Además de esto, se cierne sobre nosotros toda una parafernalia tramoyística bien eficaz y sofisticada. No estamos hablando de complejidad, sino de un sabio uso de la maquinaria teatral para conseguir excelentes resultados: proyecciones y efectos especiales versus pequeña orquesta en directo (como en las mejores obras de Bertolt Brecht).

/ SEBASTIÁN DAHÍ

‘¡Ay Carmela!’ es un fresco de época bien reconocible para nosotros, aún cuando hayan pasado tantos años de aquella época. España sigue manteniendo esas particularidades que tan bien la definen. Sigue siendo ese duelo a garrotazos y ese entierro de la sardina, esa romería y esa Semana Santa. Ese Eros y Thanatos tan presente, esa pasión desatada y ese duelo de luto riguroso. España es, y seguirá siendo, mal que le pese, contradictoria pero coherente. 

 

Javier Mateo Hidalgo

 

Alumnos como el autor de esta crónica así como colaboradores de la Comunidad TAI pudieron asistir a un pase especial del espectáculo, éstas han sido algunas de sus opiniones:

«¡Ay Carmela! ¡Ay que elenco! ¡Ay que musical! Un musical lleno de emociones, luchas y pasiones. Una perfecta mezcla de proyecciones e interpretaciones que derrochaban un desgarro de sentimientos. En definitiva algo NUEVO que hay que ver.’

_Emilio Rey

«Brillante selección e interpretación de los actores en un contexto histórico tan complicado como la guerra civil, recogiendo con precisión y claridad en cada personaje detalles del panorama social y contando una historia conmovedora, y con una vis cómica presente que es de agradecer. Gran papel de la narradora adaptando sus diferentes interpretaciones a la obra y su rol actuando tanto dentro como fuera de escena.  Musicalmente, subrayo el trabajo vocal. Debido al gran peso del papel de los actores, la escenografia me quedó en un segundo plano. Recomendable!!!!!!!!».

_Elena Chica

«Amor, muerte, pasion y guerra. Impresionante ‘Ay Carmela’. Realidad y ficción se unen en una fantastica combinación de voz, interpretación, proyeccion audiovisual y luz».

_Mireia Murguiondo
 
«El metateatro fue el momento estelar de toda la propuesta escénica y donde se concentró la mayor parte de la emoción de los personajes. Todo un placer poder disfrutar de esos contrastes, una escena del mayor dramatismo contada desde la comedia e incluyendo el teatro dentro del teatro, sobrecogedor».
 
_Olga López
 
«Valiente apuesta la de convertir el clásico teatral de Sinisterra, recordado principalmente por la versión cinematográfica de Carlos Saura, en un musical. Chocante al descubrir la notica, magistral al ver el resultado. La música es una pieza más dentro de un todo que funciona y emociona; las interpretaciones, la dirección, la iluminación, las proyecciones… porque la historia y la fuerza de estos personajes es lo que verdaderamente brilla, el alma del espectáculo. Unos personajes principales interpretados con verdad y emoción por Inma Cuesta y Javier Gutiérrez y una narradora excepcional a la que da vida Marta Ribera. Andrés Lima nos presenta una versión que ha sabido dirigir con maestría asentada en tres niveles: el de la narradora, los pasajes oníricos de Carmela y Paulino y la propia historia. Y sí, es un musical. Las canciones de Victor Manuel, Pedro Guerra y Vanesa Martín están muy bien integradas en la dramaturgia y nos permiten disfrutar de una voces con un color tan especial como las de Cuesta y Ribera. Que Carmela siga viviendo mucho tiempo en el Teatro Reina Victoria para emocionar a las nuevas generaciones de espectadores.»
 
_Diego Rebollo
 
 
 
 
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