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Bichos y cosas varias. un resbalón (con caída) de Darabont. Por David Reszka+

A veces me planteo seriamente qué demonios pasa por la cabeza de algunos realizadores. Es decir, Frank Darabont es uno de los pocos personajes que se mueven en el círculo cinematográfico de directores por los que siento un profundo respeto. A su espalda tiene grandes títulos como Cadena Perpetua y La Milla Verde, además de haber dirigido recientemente el colosal piloto de la serie de televisión The Walking Dead. Y ahora yo me pregunto… ¿Cómo un director que es capaz de escribir unos guiones tan interesantes es capaz de desarrollar tan mal una historia sumamente simple? Estas preguntas, junto con otras muchas que quizá sean demasiado violentas, son las que me surgen constantemente cuando veo películas-chapuza de directores a los que admiro. Vale que esté basada en una novela de Stephen King – que, por cierto, no he leído -, pero eso no es excusa.

 

‘¿Cómo un director que es capaz de escribir unos guiones tan interesantes es capaz de desarrollar tan mal una historia sumamente simple?’

La Niebla tiene un comienzo harto interesante. La cotidianeidad se ve corrompida por una fuerte tormenta que ha afectado a todo el pueblo y que ha causado numerosos daños materiales, por lo que decenas de pueblerinos se ven obligados a abastecerse de suministros. Una extraña niebla densa cae de las montañas y se extiende por el lago. Dos de los protagonistas, la pareja actoral Thomas Jane y André Braugher, dos vecinos que se han odiado mutuamente toda la vida, se ven obligados a dejar aparte sus diferencias, pues ambos son humanos y sufren. ¡Qué buen planteamiento! Poco después, ya en la tienda, suenan las alarmas y Dan (Jeffrey DeMunn) corre desesperado hacia el supermercado gritando ‘¡Hay algo en la niebla, cerrad las puertas!’. Una nube de densísima niebla cubre el supermercado y se escuchan gritos de horror en las calles. La gente, sin saber qué hacer, tiembla desesperada. Melissa McBride, una actriz que no entiendo cómo no está haciendo cine de altísima calidad porque es buena para aburrir, hace su estelar – y desgraciadamente breve –  aparición.

Con estos primeros diecisiete minutos Darabont tenía perfectamente estructurados los cimientos de lo que podría convertirse en un enorme rascacielos. Ahora bien, una vez empiezan los tentáculos y se hace patente la incongruente y exageradísima estupidez humana – y el penoso desarrollo de algunas situaciones – La Niebla pasa de ser una electrizante obra de suspense a convertirse en una broma pesada.

 

Los personajes han quedado perfectamente caracterizados desde el primer minuto, eso no cabe duda. Algunos han sido presentados de manera menos sutil (ese aborrecible personaje de la señora Carmody) y otros como David o Amanda (Laurie Holden expresa con miradas) hacen las delicias del buen cinéfilo. Sin embargo llega el primero conflicto: Norm, uno de los dependientes del supermercado, es arrastrado a la muerte por unos viscosos tentáculos que salen de la niebla. Esto ocurre en la sala del generador, por lo que nadie lo ve con sus ojos – y al parecer también son sordos, porque los berridos, los golpes y los hachazos no los escucha ni el Dios de la señora Carmody –. Primero que la reacción de Brent (André Braugher) es absurda: creer que un padre de familia se invente en una situación así una historia de tan mal gusto no tiene ni pies ni cabeza. Segundo, el hecho de que Norm haya desaparecido parece no importarle a nadie. Tercero, David sale cubierto de sangre… ¿Por qué no le enseña sus trapos sucios a Brent para que le crea? Cuarto, su conflicto es de parvulitos – no quiero que te burles de mí delante de la gente (pone su ego – alguien que trabaja para la ley –  por encima de la seguridad de los demás). Además, cuando convencen a un grupo de personas, nadie reacciona lo más mínimo. A todo el mundo parece darle igual que puedan morir en cualquier momento. El personaje de la señora Carmody (interpretado por Marcia Gay Harden, una actriz que no me ha gustado nunca, ni en Mystic River) pretende convertirse en el mensajero de Dios, o más bien del Diablo. Probablemente con otra actriz y un poco de sutileza el personaje podría llegar a resultar muy interesante y provechoso, pero está excesivamente forzado: no es un ser humano sino un cuerpo poseído por el fanatismo religioso y que sirve para hacernos ver que la niebla es un castigo de Dios porque los humanos somos malos y todas esas tonterías del apocalipsis. Vale que Romero levante a sus gloriosos muertos de las tumbas y haga cine del bueno, pero no hace falta que nos recuerden constantemente un mensaje que debería ir implícito en la historia

El nudo es más de lo mismo: intentos de escape, muerte de algunos de los que escapan, desaparición de otros, Carmody pone a un grupo de personas que, presas del pánico y del terror, han sido fácilmente coaccionados por las palabras de la bruja, etc. Ese grupito fanático mata a uno de los responsables del proyecto Punta de Flecha como sacrificio divino (arriba en la foto), luego quieren matar al niño de David y al final Carmody – gracias a Dios, nunca mejor dicho – acaba con una bala en la cabeza por mano de Toby Jones. Escapan, más muertos, y un viaje a través de la niebla hasta que se acaba la gasolina del coche y el buenazo de Jane, que solo tiene cuatro balas (han escapado cinco) acaba con su hijo, con Amanda, con Dan y con la señora Reppler. Olvidé mencionar que había spoiler.

Y ahora llega mi parte favorita de la crítica: el desenlace. Un desenlace bastante fuerte para un corazón sensiblero y que, a diferencia del resto de la película, queda grabado en el subconsciente para la eternidad. Me parece una salida fácil para rematar la faena y dejar con un malísimo sabor de boca al espectador, pero no se puede pedir todo si no estás haciendo las cosas tú. Está muy bien rodado y Thomas Jane hace una curiosa interpretación: no lloriquea ni da golpes ni hace bobadas – se queda sentado gritando con la mirada fija sin saber qué más hacer. Si hay algo que ha valido en toda la película es esto: la pureza y el realismo de este actor en los minutos finales. La verdad es que por lo menos ha transmitido una sensación diferente. Como decía, el hecho de invertir los códigos del género – no salvarse por un minuto en vez de salvarse en el último minuto – me parece algo bastante original y, en este caso, resulta impactante. Si el objetivo era recordar La Niebla como la película donde todo sale mal en el último minuto, ha salido redondo. David espera la muerte y en vez de eso llega la salvación: magnífico plano de los tanques apareciendo entre la niebla con los soldados de fondo. Y por si esto no fuera poco Melissa McBride vuelve a aparecer en uno de los camiones con supervivientes junto a sus dos hijos y le echa una miradita a Jane como diciendo: han muertos todos los seres a los que apreciabas, has matado a tu hijo, estás solo en el mundo y si hubieses aguantado un minuto todo sería distinto; sin embargo, por ser cobarde y no haber querido acompañarme cuando te lo pedí, Dios te ha castigado, lo has perdido todo”. Toma bofetada en el otro carrillo. Qué bueno el final, casi tanto como el principio. La verdad es que nos deja hechos polvo y, sobre todo, frustrados. Por cierto, creo que Andrew Lincoln hubiese bordado el papel de David. Que hubiesen intentado quitarle a su hijo de las manos: nadie sale vivo del supermercado.

 

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

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