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Crónica de un rodaje Reportaje realizado por Javier Mateo acerca de los rodajes en exteriores de los alumnos del Curso General de Cine +

/ ELENA LÁZARO

Con el fin de realizar una crónica acerca de los rodajes en exteriores que se encontraban realizando los alumnos del Curso General de Cine, concerté en calidad de reportero una entrevista con Elena Lázaro, una estudiante de cine que está teniendo gran peso en todos estos trabajos. En calidad de productora, se ha encargado de organizar muchas de estas jornadas, llegando a asistir a dos rodajes en un solo día, cada uno de estos con una duración de cuatro horas. Los mensajes de WhatsApp y los correos electrónicos no cesan de llegar a su móvil con preguntas de compañeros acerca de cuestiones relacionadas con los diferentes proyectos. Dentro de este caos ordenado en el que vive, Elena me habla de su experiencia:

‘Ha tenido sus pros y sus contras. En cuanto a cosas positivas, puedo decir que aprendes a trabajar en equipo. En cuanto a cosas no tan buenas, descubres que hay mucha gente que no es capaz de dar el cien por cien de lo que puede en estas circunstancias. Por supuesto, la mayoría se lo ha tomado muy en serio, pero si es cierto que ha habido personas que han ido allí simplemente a ver lo que pasaba, que no se han preparado sus tareas previamente y se han presentado partiendo de cero el día de rodaje, echando solo cuatro horas.’    

Nuestro reportero Javier Mateo en el set de rodaje / ELENA LÁZARO

En cuanto al trabajo en sí, los alumnos han partido de una serie de guiones (tres, concretamente) que el profesor Paco Lucio les ha dado a elegir, todos ellos con un final abierto que ellos tenían que retocar.

‘Ha habido mucha creatividad en ese sentido. Los compañeros han sido capaces de darle la vuelta a las historias que se les ofrecían‘.

Elena resalta la labor de los actores, que se han involucrado absolutamente en su trabajo:

A los alumnos nos ha servido mucho las clases previas de interpretación para saber dirigir a los actores. Había que realizar secuencias mudas, jugando con la narrativa audiovisual y con la interpretación de los actores. Luego vendrá el montaje, que es también una tarea complicada,  pues de ella depende que un material óptimo no acabe convirtiéndose en una mala película’.

Me ha parecido también muy bien haber trabajado en cosas que no habíamos tocado hasta entonces. La gente descubre que puede funcionar en cosas que no tenía en la cabeza. Si sale una oportunidad nos podemos desenvolver gracias a todo lo que hemos aprendido.’

Las jornadas de trabajo son intensivas, dos semanas en total, de lunes a viernes y con dos grupos que se dividen en horario de mañana y tarde: unos, de 8:00 a 12:00, y otros, de 13:00 a 17:00 horas.

Te pones en una situación real. No henos ido a clase, solo hemos trabajado. Te levantas a alas seis de la mañana para estar allí puntual a las siete. Te ponen un monitor que se encarga de ayudarte a resolver alguna duda, pero realmente todo es cosa tuya, y depende de ti si eso sale adelante o no.’

Viendo encuadres / ELENA LÁZARO

Haciendo gala de una gran humildad, Elena trata de evitar referirse a la gran cantidad de tareas de las que tiene que ocuparse, en su faceta de productora, y continúa hablando de esa “gran familia” en la que se han convertido ella y su grupo de compañeros:

‘Hay gente que no se relaciona, como pasa en todos los sitios, pero la gente que sí se compromete se nota mucho. Se habla por Internet mediante los grupos de Facebook, se organizan quedadas… Nos da igual que cada uno estemos en diferentes años de carrera. Nos juntamos todos, lo que nos ha servido para conocernos y cuidar unos de otros, a pesar de que en este tipo de situaciones siempre surgen roces. También es verdad que hay mucha gente que quiere ser Spielberg y le cuesta adaptarse a esta situación, como ya digo, pero es un porcentaje menor’.

Elena estuvo además a cargo de las diversas labores de fotografía:

‘Ser fotógrafa a la vez que tienes que cubrir un puesto de técnico ha sido una experiencia bastante buena. Puedes hacer varias cosas y hacerlas bien. Resulta gratificante ver el resultado. Debería de haber otros años este puesto de ‘foto fija‘ porque es algo bastante bonito.’

Rodando en la Plaza Santa Bárbara / ELENA LÁZARO

A la hora de extraer conclusiones con vistas a un futuro:

Ha sido una oportunidad para equivocarnos, para cometer errores, para después no volverlos a repetir a la hora de tener un trabajo. Y esto no es que te lo ofrezcan en todos los sitios… Cuando está todo montado, tener tus créditos en todo lo que has participado es una ayuda de la Escuela para el currículum de cada alumno. TAI ha sido muy cercana. Producción y Carmen Vara han estado siempre ahí para cualquier problema y siempre han intentado que el trabajo en equipo funcione. Nos han puesto el trabajo bastante fácil, tratando de que consiguiésemos unos buenos resultados y que toda dificultad pudiésemos solventarla. Para ser un Curso General, está muy organizado. Yo apuesto por que se haga cada año. Los alumnos de Especialización y del Master deben de pasar por este tipo de cosas.’

Durante el rodaje de aquel día, el equipo del grupo en cuestión tomó como escenarios diferentes lugares cercanos a la Escuela. A las doce de la mañana, comenzaba a prepararse la filmación de las primeras escenas en la Plaza de Santa Bárbara, en Alonso Martínez. El argumento del ejercicio resultaba un divertido delirio y podía definirse así: dos sexy killers se encuentran y se retan a un duelo a cuchillo. Llevarlo a cabo conllevaba sus consecuencias: mucha de la gente que había sentada en las terrazas tomándose un aperitivo no pudo apartar ya sus ojos de lo que cerca de ellos estaba sucediendo. Hubo que improvisar travellings con una tabla de ruedas para skateboard y alguna escena un tanto subida de tono provocó opiniones de lo más variopintas entre el público “no acreditado”. Después, el rodaje se desplazó a un lugar más discreto: un callejón de Tribunal, entre el colegio y el mercado. Aún así, coincidió la salida de los niños del colegio y la llegada de los padres para recogerlos.

Las sexy killers en plena faena / JAVIER MATEO

En total, fueron una cinco horas, de las cuales se aprovechará un material de unos pocos minutos. Afortunadamente, gracias a la brevedad del ejercicio pudo solucionarse el trabajo en una tarde.

Tras finalizar la sesión con el trabajo hecho, el equipo se desplazó hasta un café para poder allí intercambiar opiniones del resultado. Fue una jornada productiva y gratificante, donde todos pusieron de su parte y hubo un ambiente agradable de trabajo

Javier Mateo Hidalgo



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