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El escándalo ‘Viridiana’ Por David Reszka+

 

Luis Buñuel dirige una de las obras capitales del cine español. Censurada por las autoridades hasta 1977, tras la muerte de Franco, Viridiana se ha convertido en una verdadera joya del Séptimo Arte. Además es la única película de nuestro país que ha ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Viridiana, una joven novicia que está harta del mundo, va a visitar a su tío Don Jaime unos días antes de convertirse en monja. Su tío es un hombre solitario y marcado por la muerte de su mujer. Cuando ve a la joven, que tiene un preocupante parecido con su difunta esposa, se ve obligado a arrastrarse ante ella para pedirla que se quede con él para siempre. Cuando Viridiana rechaza aquella humillante propuesta, él intentará por todos los medios que no se vaya de su mansión.

 

“Temas tabúes para la época como el fetichismo, la sexualidad, la confrontación entre lo terrenal y la utopía, y un duro ataque contra el catolicismo y la caridad como redentora de conciencia”

 

El controvertido Buñuel nos regala una película cargada de doble sentido, maravillosas metáforas y unas actuaciones ejecutadas a la perfección por un inmenso reparto: Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey. He de reconocer que no sé por dónde empezar a escribir acerca de este fascinante título. Me resulta realmente complicado no seguir un esquema parecido al de otros comentarios/críticas, pues es un largometraje del que se ha hablado constantemente a lo largo de los años y que puede dar mucho tema de conversación. Podría pararme y dedicar varios párrafos a la estupenda banda sonora, la perfección de los planos y a los encuadres de ensueño que se suceden durante hora y media, pero lo que realmente me interesa es la cantidad de contenido subjetivo que se puede encontrar. Temas tabúes para la época como el fetichismo, la sexualidad, la confrontación entre lo terrenal y la utopía, y un duro ataque contra el catolicismo y la caridad como redentora de conciencia son, entre otros, recurrentes a lo largo de la película. Probablemente nada de lo que escriba sirva si al lector que no ha visionado ‘Viridiana’ una, dos o tres veces. Sin embargo, me dispongo a exponer las escenas más importantes, tanto por su repercusión como por la enorme carga subjetiva que antes he comentado. 

 

El tema del fetichismo puede resultar, a simple vista, uno de los más claros de toda la película. Digo claro porque se aprecia a simple vista que ninguno de los personajes es corriente. La novicia Viridiana lleva en su maleta una cruz de madera, una corona de espinas y varios clavos. Ella, tan puritana, se sonroja y deja escapar una risita cuando la ofrecen ordeñar una vaca y ve las ubres. Tras tocarlas con cierto reparo, arguye que a ella no se le dan bien esas cosas. Por la noche ella es sonámbula y se pasea semidesnuda (entiéndase el concepto aplicado a la época) por la mansión. Don Jaime se dedica a ponerse los tacones y el corsé de su difunta esposa y contemplarse ante el espejo con ánimo de recordarla y mantenerla viva en su memoria. Luego pedirá a su sobrina que se vista con el traje de boda de su mujer para “vivificar” su recuerdo. Don Jorge vuelca su apetito sexual en la extenuada criada.

 

Especial atención a aquella escena en la que, mientras Viridiana y sus pobres rezan rodeados de la paz y armonía de la naturaleza, las imágenes de los obreros trabajando en la construcción se insertan entre plano y plano. Aquí Buñuel quiere contraponer el mundo utópico de la religión con el mundo terrenal. Mientras unos rezan y esperan que el pan caiga del cielo, otros trabajan para pagarlo. Esta, junto con la imagen de “la última cena” que se muestra en el desenlace de la película, donde el incómodo ciego con repulsivos ojos desorbitados ocupa el lugar de Jesucristo, es una de las más controvertidas del filme. Reconozco que se me pusieron los pelos de punta cuando vi plasmada la obra de DaVinci con el “Aleluya” de Händel como telón de fondo. 

También me gustaría hablar del tema de la caridad como redentora de la conciencia. Viridiana, después de sentirse culpable por la muerte de Don Jaime (que se suicidó porque ella lo repudió) y haber rechazado los hábitos, quiere compensar sus pecados haciendo obras de caridad. Decide escoger al azar a varios pobres (el anciano sin dientes, el ciego, el hombre al que tachan de leproso, la enana, etc.), cada uno más estrafalario que el anterior, con ánimo de darles cobijo, alimentos y calor humano. Pretende redimirse obrando conforme a una religión que propugna la ayuda al prójimo, entre otras virtudes. Al mismo tiempo, Don Jorge ve a un perro que corre atado a un carruaje. El animal está exhausto y él, en un acto de compasión, decide comprárselo al dueño para que deje de sufrir y darle una vida digna. Acto seguido aparece otro carruaje con otro perro en las mismas condiciones. Buñuel ahora pretende decirnos que seguirá habiendo perros maltratados como hambre en el mundo, y que un acto de buena caridad no significa que las cosas vayan a cambiar, y poco después tanto Don Jorge como Viridiana se verán traicionados por sus respectivos actos de caridad. El perro quiere escapar de las manos de Rabal después de ser salvado así como Viridiana se verá humillada cuando sus pobres deciden irrumpir en la mansión, utilizar sus cubiertos, comer sus alimentos y beber su vino. Finalmente intentará ser violada por uno de aquellos hombres a los que quiso dar una vida digna. La joven creía haberlos cambiado con sus acciones, pero su excesiva ingeuidad y el salvaje instinto de los desamparados se ha vuelto contra ella.

 

“Los directores que sufrieron el condicionamiento creativo de la censura tienen el doble de mérito: superar hábilmente las prohibiciones de la Dictadura y exprimir al máximo todas sus ideas para crear una historia ‘proyectable’.”

 

Ya para acabar me gustaría mencionar algo que mis profesores de la Universidad suelen comentar y que el propio Juan Carlos Fresnadillo propuso en un coloquio al que acudí la semana pasada: cuando se está ante una situación adversa (es decir, libertad artística condicionada), siempre hay que exprimir al máximo toda la creatividad que uno tiene para ser original. Estar en el lado positivo siempre es lo más importante. Si las productoras cogen una idea de diez no hay que verlo como “me han privado de nueve ideas” sino como “me han cogido una”. Con esto quiero decir que los directores que sufrieron el condicionamiento creativo de la censura tienen el doble de mérito: superar hábilmente las prohibiciones de la Dictadura y exprimir al máximo todas sus ideas para crear una historia “proyectable”. Digo esto porque Buñuel hizo algo parecido: Viridiana iba a acabar con una escena donde la joven puritana entra en la habitación de Don Jorge y, tras ella, la puerta se cierra (creo que es evidente el mensaje). La censura rechazó esta propuesta por ser escandalosa y Buñuel la hizo todavía más provocadora: Viridiana, la criada y Don Jorge se sientan a jugar a las cartas, en lo que da la sutil idea de que se llevará a cabo un trío sexual. Espléndido.

  

En definitiva, ‘Viridiana’ es una película con altos contenidos metafóricos, véase la cruz-navaja (la religión es un arma de doble filo) o la corona de espino que arde en el fuego mientras Viridiana es humillada, y trata a su vez numerosos temas tabúes. A pesar de la censura, la obra maestra de Buñuel ha pasado a nuestros días y seguirá siendo, por siempre, una de las obras capitales del cine español y el título más influyente de la década de los sesenta.

 

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

Trailer original de la película:

https://www.youtube.com/watch?v=x4hTSjfh7Y0

 

 

 

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