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El orgullo del pasado. Un recorrido por la ignorancia contemporánea. Por David Reszka+

 

Apocalypse Now, una de las mejores películas de la historia.

Acostumbrado a ciertos comentarios por parte de mis compañeros cinéfilos, que no paran de recordarme que estoy chapado a la antigua – como si eso fuera algo malo – he decidido escribir este texto, bien sea como defensa de mis creencias cinematográficas o para desahogarme. Dado que hoy en día nos encontramos ante una preocupante crisis de ideas – y económica –, el cine se ha convertido en un verdadero despropósito (y con cine me refiero a lo que la gente entiende por EL CINE: cine comercial, cine de acción, cine de superhéroes, etc.). En resumidas cuentas, el cine se está convirtiendo en un arte banal, en un espectáculo de entretenimiento absurdo para una masa que parece controlada por el Gran Hermano de 1984. Con esto no quiero decir que concebir el cine como un pasatiempo sea algo malo, en absoluto, cada uno tiene sus gustos y puede preferir un buen libro de Hemingway, una excelente sinfonía de Beethoven o pasarse las horas mirando los cuadros de El Bosco, que ir a ver una película de Haneke en versión original alemana.

La cuestión no es qué es lo que se prefiere, el problema que nos concierne a los cineastas hoy en día es lo que la gente espera de una película. Digamos que hace veinte, treinta, cincuenta y sesenta años el pueblo iba al cine a descargar todas las tensiones de una semana de trabajo, desahogar sus penas disfrutando de los quehaceres y devenires de personajes a los que admiraba pero que no conocía – ni conocería – en persona. En las primeras décadas de cine se impuso un estilo muy formal, con unos movimientos de cámara estándares, un montaje de planos que, básicamente, era un esquema que todos los directores seguían. La diferencia radicaba en el tratamiento que le daba cada director, ese ‘yo he hecho esto’ que tanto nos gusta ver a los amantes del cine. Todo era artesanal, un equipo trabajaba duro para sacar adelante un proyecto, los costes de las películas no eran siempre cifras desorbitantes (un gran presupuesto no significa buena película, todo lo contrario), las interpretaciones se cuidaban al milímetro, la iluminación era otra ardua tarea y los efectos visuales, cuando había, aunque hoy puedan parecer cutres o pasados de moda, destacaban por su gran elaboración. Todo esto y otros muchos factores, de los cuales no pretendo hablar en esta ‘crítica social’, son los que se echan de menos en las películas de hoy en día. Por supuesto que hay excepciones, por supuesto que hay y ha habido corrientes cinematográficas que promovían un nuevo tipo de cine (véase la Nouvelle Vague francesa, las películas de Bergman y Tarkovski o incluso el impresionismo francés de principios de siglo, con Abel Gance y Germaine Dulac). Estos movimientos, cansados de los formalismos impuestos por el cine de Hollywood, pretendían dejar la huella del autor en sus largometrajes.

Ejemplo de por qué no se debe tocar una clásico del cine de terror como La Cosa de 1982. Fotograma de La Cosa (2011).

‘Dado que hoy en día nos encontramos ante una preocupante crisis de ideas – y económica –, el cine se ha convertido en un verdadero despropósito’

Con todo esto quiero decir que el cine siempre ha tenido sus crisis, sus respectivas alternativas y, la mezcla de diferentes estilos, pensamientos e interpretaciones ha dado como fruto algunas de las más grandes obras maestras del Séptimo Arte. Pero hoy en día esta etapa de oro del cine se ha extinguido. Llegó el siglo XXI y, con él, la catástrofe cinematográfica. Los efectos especiales a ordenador (o CGI) eclipsaron el concepto artesanal de las películas de ciencia ficción. Las explosiones y los disparos por doquier se convirtieron en el no va más de las masas. El cine de acción – que por cierto, surge en 1982 con Acorralado, a diferencia de lo que muchos piensan – suprime las buenas historias de ciencia-ficción y bélicas, y deja de lado los grandes thrillers y películas de gánsteres. Estos títulos modernos, que hoy en día pueden encontrarse en TODAS LAS SALAS, han apartado de la línea comercial el cine de autor. Yo miro la cartelera de los cines más cercanos y veo Desafío Total, Venganza: Conexión Estambul, Los Vengadores, Transformers 3, Iron Man 2 y Saw 3D y me entran ganas de no volver a ir a un Cinesa nunca más. Remakes, precuelas, secuelas y heptalogías abultan demasiado. Tres obras malas para lloriquear, dos superproducciones, cuatro remakes mal hechos y una película de autor en la sesión golfa de la 1:00. Pues muy bien. Y lo peor es que todo son éxitos de taquilla. Sin embargo para ver Amour de Haneke o una buena película francesa o polaca hace falta mover cielo y tierra y encontrar un Yelmo donde la proyecten en Versión Original.

La pureza de las películas de Dreyer ya casi no se encuentra.

Otro de los hechos más tristes es que la industria actual no da oportunidades a los nuevos cineastas, todo está tan monopolizado que tiene que venir algún admirable director/actor y fundar una compañía que de ayudas a los jóvenes realizadores, porque si no todo se hunde en la miseria. Y si algunos grandes de antes siguen en pie es porque tienen el dinero suficiente como para subsistir con sus propias productoras. Coppola sigue vivo, aunque cualquiera lo diría, haciendo películas como Twixt. Tarantino ha perdido mucha calidad desde sus dos obras maestras de juventud – a no ser por Death Proof –. Ridley Scott ha olvidado por completo qué es hacer una película (solo hay que ver Prometheus, la cima de la estupidez). John Carpenter se ha bajado los pantalones y no hace más que bobadas. Scorsese también tiene sus altibajos, aunque por lo menos se mantiene haciendo buen cine. Los Hermanos Coen… de vez en cuando hacen alguna maravilla como No Es Pais Para Viejos, pero su etapa estelar está en los 80 y 90. David Lynch ya no es muy productivo en lo que a películas se refiere; el último largometraje fue Inland Empire (2006). Y hasta el maestro del terror zombie George A. Romero se ha visto aplastado por una industria que prefiere muertos vivientes que… ¡Corren! Menos mal que está The Walking Dead, si no me tiraría de los pelos. ¡Ay, si viviera Kubrick!

Estas peliculillas tan comerciales, que carecen de guión y de personajes bien definidos (con tanta pasta por lo menos podrían contratar a un buen guionista que escribiese algo de valor), no se preocupan por construir una historia, elaborar un mundo propio y mostrar a la gente algo nuevo, algo de lo que puedan aprender o incluso algo que, aunque sea mero entretenimiento, tenga una esencia propia

Creo que los únicos directores que han dirigido obras maestras desde mediados de siglo XX y que siguen en activo haciendo buen cine son Roman Polanski (solo hay que ver El Escritor y Un Dios Salvaje) y Clint Eastwood. Estas peliculillas tan comerciales, que carecen de guión y de personajes bien definidos (con tanta pasta por lo menos podrían contratar a un buen guionista que escribiese algo de valor), no se preocupan por construir una historia, elaborar un mundo propio y mostrar a la gente algo nuevo, algo de lo que puedan aprender o incluso algo que, aunque sea mero entretenimiento, tenga una esencia propia. Compárenme aquella obra maestra de La Jungla de Cristal de McTiernan con la bazofia de La Jungla 4.0 o la última que ha salido, cuyo título no recuerdo (ni me interesa recordar). ¿Por qué Los Ojos Sin Rostro, La Cosa y Alien, el octavo pasajero han sido sustituidas por Predators, Alien Resurrection y Saw Tropecientos? Seguro que hace cincuenta años se rodaba uno de estos títulos y salía una obra maestra. ¿Y ahora por qué no? ¿Es que son tan vagos que solo se puede trabajar con ordenadores y deprisa y corriendo? Maldita industria. Es algo que yo no alcanzo a comprender. Al menos entendería que estas películas estúpidas estuviesen en los cines solo porque las productoras se han gastado un verdadero dineral, pero lo peor es que a la gente le gusta ir a verlas constantemente. Suben los precios de las entradas a 10 euros (la cultura se va al garete) y, aunque pierdan público, a lo poco que van es a estas producciones. Hay personas que no han conseguido terminar de ver Apocalypse Now o El Padrino. Entiendo que Bergman, Dreyer y Tarkovsky sean más difíciles para alguien que no le apasione el cine, y que hay que estar muy metido en el tema para disfrutar al máximo de Fritz Lang, Jean-Pierre Melville y Wim Wenders pero… ¿Coppola? ¿Kubrick? ¿Scorsese? ¿Las primeras películas de Tarantino? Se me ha dado el caso de escuchar a un grupo de personas hablar de la filmografía de este último director, que está de moda por su violencia y estilo extremo, y escuchar… ¿Lo mejor? Malditos Bastardos, Django Desencadenado es una obra maestra y Kill Bill es bla bla bla… ‘¿Pero y Reservoir Dogs? ¿Pulp Fiction?’ les pregunté. ‘Nos las hemos visto…’ me contestaron. Y mi consecuente cara de caballo.

Espectacular cartel de Hasta que llegó su hora. Uno de los mejores western de Sergio Leone.

Por último, después de exaltarme tanto y resultar para algunos un verdadero histérico y para otros un profeta, me gustaría decir que, aparte de estas incongruencias del ser humano, también hay algunos puntos positivos. Hay realizadores a los que todavía les importa que sus historias, aunque cuenten con efectos especiales y presupuestos de miles de cifras, estén bien construidas y sean capaces de transmitir algo nuevo. James Cameron, aunque no me guste demasiado, tiene películas muy cuidadas y, aunque sus historias sean sencillas, siempre tienen un brillo especial. También hay grandes realizadores, relativamente modernos, que hacen buen cine, véase el caso de Paul Thomas Anderson y Lars von Trier. Sin embargo, cada vez son menos.

¿Por qué Ridley Scott me ha jodido en Prometheus?

Si les interesa leer el texto original (un poco más directo) métanse en Critica Tu Cine. En definitiva, no quiero que piensen que esta peste bubónico-artística se extiende solo el ámbito cinematográfico. Otras artes como la literatura y la pintura se ven muy afectadas. No estoy diciendo que todo el mundo sea así, pero no podrán negarme que cada vez son menos las personas que demuestran algún tipo de conocimiento en todos los terrenos. Solo hace falta ver la generación de adolescentes que nos va a reemplazar dentro de unos años: chavales que solo saben ir de fiesta, beber y escuchar mil versiones de una misma canción. No, no son todos, claro que no, pero si considero ‘admirable’ encontrar a alguien que rechace todo eso es porque muchos no debe haber (otros dirán porque soy un egocéntrico prepotente). Pero, ¿de quién es la culpa de este despropósito? ¿Del gobierno? ¿De una sociedad corrompida por el consumismo y la televisión? ¿De los padres? ¿O de todos y cada uno de nosotros? Probablemente cada uno tenga una visión, y muchos me tacharán de radical y de extremista, y otros, muchos menos, sabrán que tengo razón. 

Bueno, mientras ustedes reflexionan o buscan mi dirección para enviarme un correo-bomba, yo voy a seguir deleitándome con mis películas favoritas (2001: Una Odisea del Espacio, Apocalypse Now, Alien, el octavo pasajero, Brazil, Taxi Driver, El bueno, el feo y el malo, El manantial de la doncella, El hombre que mató a Liberty Valance, 12 Hombres sin piedad, La quimera del oro, Casablanca y El Padrino, entre otras). Muy buenas tardes.

  

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

  

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