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‘El Silencio de los Corderos’, un claustrofóbico juego psicológico Por David Reszka +

 

A Clarice, una joven estudiante del FBI, le será encomendada la misión de realizar un estudio psicológico del psicópata asesino en serie Hannibal «el Caníbal» Lecter, que se encuentra en una prisión de máxima seguridad, con el objetivo de coopere con el FBI para dar con otro criminal que está volviendo loca a las autoridades: Buffalo Bill. Cuando Hannibal accede a dar pistas sobre la identidad de este asesino en serie, un antiguo paciente suyo, a cambio de información sobre el pasado de Clarice, la vulnerable joven entrará de lleno en un peligroso juego psicológico donde su vida correrá peligro.

«El Silencio de los Corderos esconde muchos secretos que un primer visionado no termina de reconocer»

Aunque aparentemente El Silencio de los Corderos sea una película lineal y poco enrevesada, esconde muchos secretos que un primer visionado no termina de reconocer. Esclarecerlos es la función del espectador atento, por lo que me dispongo, tanto por cinéfilo como por estudiante de cine, a analizarlos, desvelando uno por uno los detalles más imperceptibles y a la vez fundamentales de la película.

«Lecter aparece como un medio que Clarice utilizará inconscientemente para conseguir su objetivo»

Antes de nada me gustaría que todo el mundo tuviese claro un dato imprescindible para poder entender correctamente el título en cuestión: «El Silencio de los Corderos» trata sobre la metamorfosis. La evolución de un ser a otro. La polilla calavera, que para muchos pasó completamente desapercibida y que solo se recuerda porque aparece en el poster de cine, representa esa metafórica transformación de una simple larva en una bella mariposa. Lo mismo pasará con Clarice (Jodie Foster), que comenzará siendo una joven mujer inexperta rodeada de peligros, sola en un mundo de hombres, la cual se verá forzada a evolucionar y autorrealizarse para conseguir su objetivo: sacar de su cabeza los chillidos de los corderos que la persiguen en pesadillas desde su infancia. Dicho esto creo que queda bastante claro que el mero hecho de la existencia de “personajes secundarios” como el de Hannibal Lecter es completamente circunstancial y sirve de cauce para que Clarice evolucione a ese “yo” realizado. Por lo tanto, me atrevería a decir que Lecter aparece como un medio que Clarice utilizará inconscientemente para conseguir su objetivo. Buffalo Bill es, en cambio, un hombre que intenta realizar esa transformación de manera inversa. En este caso su objetivo es realizar un cambio de sexo para poder llegar a la catarsis interior. Buffalo Bill pretende evolucionar a una mujer haciéndose un traje con pieles de adolescentes, y la indefensa Clarice pretende destacar en un mundo machista: la ambigua contraposición, creo, está bastante clara.

 

 

«La planificación de las escenas provoca que el espectador se sienta observado»

Jonathan Demme, al igual que el guionista Ted Tally y el autor de la novela, Thomas Harris, plagaron de pequeños detalles muchas de las secuencias que se suceden en la historia. El perfecto montaje que, aunque a veces resulte lineal, es verdaderamente hermoso, y la planificación de las escenas provoca que el espectador se sienta observado. Muchas veces los actores interpelan al propio “videante” (los vocablos de «La Naranja Mecánica» han pasado a mi diccionario personal), dando como resultado la sensación de sentirse tan Clarice como Jodie Foster. Lecter mira a cámara cuando la conoce por primera vez y es imposible evitar el estremecedor escalofrío que recorre nuestra espina dorsal. Esto y una de las interpretaciones más electrizantes de la década consiguen envolvernos en la claustrofóbica y angustiosa atmósfera que rodea a Clarice (o, si se prefiere, “nos rodea”, pues en el fondo todos somos esa joven estudiante vulnerable). Esta interpelación también resultará efectiva cuando Clarice se encuentre rodeada de policías que la miran fijamente desde arriba, situando la cámara en contrapicado, dando la sensación de pequeñez e inferioridad. Sin embargo, como bien se ha dicho anteriormente, la protagonista sufre una constante evolución ante todas las adversidades de este mundo plagado de hombres (u obstáculos) y consigue superarlas con éxito.

También considero necesario destacar el primer punto de giro que se produce en la película y que, probablemente, sea la metáfora más hermosa y difícil de interpretar que haya encontrado en años. Lo que es más, si mi profesor de guión no me la hubiese puesto delante de las narices, no la habría descifrado correctamente. Me estoy refiriendo a aquella secuencia en la que Clarice entra en el almacén “Su Interior” (otra pista) después de intentar desbloquear la puerta de entrada (otro obstáculo que se interpondrá en su camino en el que los dos hombres que tiene a su lado no la ayudarán), arrastrándose por el suelo y cortándose. Se muestra un primer plano de una insignificante herida, algo que resulta irónico teniendo en cuenta la cantidad de violencia implícita con la que cuenta la película. Y la interpretación de esto es la siguiente: “Clarice se ha visto obligada a sortear todos los obstáculos que se han interpuesto en su camino. Ese instante en el que cruza la puerta significa que ha entrado en una nueva etapa de su vida y que no habrá marcha atrás. La herida es la primera sangre de la mujer desde que está en el FBI y de algún modo ha perdido la inocencia y está dispuesta a seguir con el caso hasta el final.” ¿No es verdaderamente hermoso que un simple plano pueda mostrar tantas cosas?

«Gratitud hacia Sir Anthony Hopkins por habernos regalado la mejor actuación de toda su carrera»

Ahora, y sin ánimo de extender demasiado este comentario, me gustaría mencionar que «El Silencio de los Corderos» es una película de actores. Jodie Foster interpretando el papel de Clarice derrocha madurez en la interpretación y da como resultado una actuación soberbia. Sobran las palabras para expresar la gratitud hacia Sir Anthony Hopkins por habernos regalado la mejor actuación de toda su carrera (atención al no parpadeo de Hannibal, idea del actor – ahora no me imagino a Jack Nicholson, uno de los tantos actores que rechazó el papel, en la piel del caníbal). Por otra parte, la película es brutal, violenta y sanguinaria, pero siempre de una manera implícita: nunca se muestra frente a nuestros ojos, aunque podemos imaginarlo claramente (véase la fotografía que le muestra el doctor Chilton a Clarice antes de conocer a Lecter o cuando él mismo mata a porrazos a uno de los dos policías que lo custodian).

 

«Una aterradora y al mismo tiempo cautivadora historia que no dejará indiferente a nadie»

Por lo demás, los cinco Oscar que recibió la obra de Demme (película, director, actriz principal, actor principal y guión adaptado) han convertido esta metáfora sobre la metamorfosis en una de las tres únicas películas que pueden jactarse de haber conseguido estos cinco principales Premios de la Academia (las otras dos son «Alguien voló sobre el nido del cuco» del insuperable Milos Forman y «Sucedió una noche» del maestro Frank Capra). Una verdadera maravilla. Una obra de arte. Una aterradora y al mismo tiempo cautivadora historia que no dejará indiferente a nadie. La recomiendo encarecidamente.

 

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

https://www.youtube.com/watch?v=PHf5dEADvJM&feature=fvst

 

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