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Escribiendo Mad Men Los guionistas y productores ejecutivos de la serie de la AMC visitan Madrid y protagonizan un exclusivo encuentro con alumnos TAI+

Mad Men Cast - Escuela TAI

La Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI, en colaboración con la Embajada de los Estados Unidos invitan a alumnos del Master de Guión Cinematográfico a un exclusivo encuentro con los guionistas de una de las series con mayor reconocimiento internacional. Un exclusivo evento en el que tendrán la oportunidad de conocer a esta pareja de profesionales y conversar directamente con ellos sobre sus proyectos audiovisuales. 

Maria y André Jacquemetton

Maria y André Jacquemetton forman una pareja profesional sobresaliente en la creación de series de éxito, aunque ha sido la historia de publicistas de la AMC la que les ha procurado un reconocimiento a nivel internacional, con la que han ganado cuatro EMMYS. Actualmente, el matrimonio trabaja con Warner Brothers Television en la adaptación de una novela gráfica de DC Comics para la cadena SyFy.

Aprovechamos la ocasión para mostrar el trabajo de dos alumnos de guión asistentes al encuentro, inspirado en la temática y estilo de la serie norteamericana:

Javier Artigas, ha elaborado un proyecto que sigue la estructura clásica del guión cinematográfico, y se desarrolla del siguiente modo: 

INT. NOCHE. SALÓN CASA BETTY

(Nueva York, 2010) DON DRAPER (84) está sentado en un sillón
frente al televisor. El anuncio de una APP para teléfonos
móviles aparece en pantalla. PEGGY (70)está junto al minibar
y se sirve una copa.

DON DRAPER
¿Recuerdas cuando empezaste en
esto? Era un negocio serio.
PEGGY
Si no te conociera podría llegar a
sentirme ofendida, o incluso
insultada, por esa clase de
comentarios.
DON DRAPER
(mira la pantalla)
A cualquier cosa lo llaman
publicidad.
PEGGY
¿Te sirvo un Old Fasioned, por los
viejos tiempos?
DON DRAPER
Sigo en plena forma gracias a
haberlo dejado.
PEGGY
A cualquier cosa lo llamas buena
forma.

Peggy se sienta en un sillón junto al de Don Draper, frente
al televisor.

DON DRAPER
No sé cómo la gente puede pagar por
algo así. Ni si quiera sé qué me
quieren vender.
PEGGY
Es para gente joven, Don. No se
dirigen a nosotros.
DON DRAPER
Abarcar el abanico más amplio
posible de público. Eso es saber
vender. Y no sé tú, pero yo, como
consumidor, me considero parte de
ese público.

(CONTINÚA)CONTINÚA: 2.

PEGGY
Las cosas ya no funcionan de esa
manera, lo sabes.
DON DRPAER
(mira a su alrededor)
Tú si que lo sabes, Peggy.
PEGGY
Todo es adaptarse. Pero tú tampoco
tienes de qué quejarte. No has
tenido la necesidad de doblegarte
ante las imposiciones de la era
moderna.
DON DRAPER
En eso tienes razón. He conseguido
esquivar toda esa basura que se
hace para Internet. Viral, já,
hasta lo que yo sé, un virus no es
algo positivo.
PEGGY
Suenas como un viejo cascarrabias.
DON DRAPER
No me ha resultado fácil, pero he
tenido tiempo para aceptar que eso
es lo que soy.
PEGGY
Antes te vendías mejor.
DON DRAPER
Todo se vendía mejor. Y con más
clase.

Don Draper y Peggy miran el televisor. 

mad-men-season-7- TAI

José Garzón Moreta, por otro lado, sigue una estructura no dialogada, y está inspirado en el mito griego de Teseo y el Minotauro. Se trata de una situación ficticia inspirada en las primeras temporadas de la serie, cuando el protagonista, Don Draper, aún estaba casado con su primera esposa, Betty.

Draper vive con su mujer a las afueras de la ciudad de Nueva York, en una lujosa casa en la zona residencial. Su trabajo en el centro de la ciudad como publicista no le permite en numerosas ocasiones volver a su hogar, pues las cenas y reuniones a altas horas hacen que pierda el tren a las afueras, motivo que le hace alojarse en hoteles. Pero últimamente parece que su volumen de trabajo ha crecido sustancialmente, cosa que a su mujer no le ha pasado por alto. Betty Draper sabe que no solo la publicidad hace a su marido un gran conocedor de los alojamientos temporales de Nueva York, sino también las compañías femeninas. A pesar de no poseer pruebas, la relación matrimonial entre ambos está congelada y amenaza con quebrarse en cualquier momento, ya que la mujer amenaza a Donald con marcharse de casa sino no le cuenta la verdad o deja de alojarse asiduamente en la ciudad.

El protagonista va a trabajar a la empresa de publicidad. Allí le informan de que hay una nueva cuenta interesada en sus anuncios, una marca de medias femeninas de alta gama, de tejidos suaves y delicados y dotadas de gran erotismo. El inconveniente es que le deshilachan fácilmente, creando carreras en ellas. Los publicistas debaten sobre aceptar o declinar la oferta, pues supone anunciar un producto por todos conocido como defectuoso, y es complicado hacer una publicidad obviando ese detalle. Los dueños de la empresa han dejado varias cajas de medias para los empleados. Draper se lleva dos de ellas, lo cual crea cierta incertidumbre entre sus compañeros, que solo han contado una esposa.

Draper sale temprano del trabajo y va a un hotel. Allí se encuentra con una de sus amantes, una chica cuya juventud iguala a su ingenuidad y que enloquece cuando el hombre le da su regalo. La joven alaba las virtudes de las medias, principalmente su elevado coste. Posteriormente vemos a Betty en su casa, a altas horas de la noche, esperando. Cuando parece que ya nadie va a llamar a la puerta su marido abre la puerta con el regalo en las manos. Este se disculpa por el retraso alegando que había ido a comprarlo. La mujer le perdona, dándole un voto de confianza.

En el trabajo los publicistas no consiguen dar con la fórmula para anunciar las medias. Muchos de los creativos votan por declinar la oferta, alegando que es un producto caro y defectuoso, pero Draper se niega respondiendo que la guerra de Vietnam adolece de los mismos problemas y que el gobierno ha conseguido miles de voluntarios. Tras este axioma se marcha dejando a su equipo con todo el trabajo. El ambicioso publicista vuelve al hotel de su amante, pero esta no se encuentra en la habitación acordada. Donald recorre entonces todos los pasillos del complejo, llama a las puertas, pregunta al conserje, pero tras transitar por todo el entramado no logra encontrarla. Finalmente, agotado y enojado por no poder satisfacer su deseo se retira a fumar a un pequeño rincón oscuro, una especie de almacén para guardar las fregonas. Allí encuentra a la joven, esgrimiendo una de las medias mientras discute con una de las señoras de la limpieza. Resulta que se le ha hecho una carrera en la media, y un largo hilo cuelga exiliado del resto del tejido. La joven intenta que la mujer de la limpieza, con algún milagro arregle la prenda. Cuando el publicista hace acto de presencia, su amante se disculpa por no haber estado en la habitación acordada, y aún más por haber estropeado el regalo que se había puesto especialmente para él. Entonces a Draper se le ocurre una idea y se marcha apresuradamente, dejando a su amante sola.

El protagonista llega a las oficinas, donde el personal se empieza a retirar a sus casas, pero este no permite marcharse a su equipo, con el subsiguiente desagrado. Draper llama a su mujer disculpándose por tener que trabajar toda la noche, e incluso se presta a poner a uno de sus empleados al teléfono para que compruebe que está en la oficina. Betty le vuelve a dar otro voto de confianza, y su marido, para agradecérselo, la invita a cenar a la noche siguiente, sugiriendo que lleve las medias que le regaló. La mujer responde que no son para esposas, ya que se usan solo para seducir hombres, y ella ya tiene uno. Draper cuelga y se reúne con su equipo. Estos, ansiosos por conocer la gran idea, preguntan a su jefe la gran estrategia. Y la respuesta que obtienen es: ¿por qué evitar los defectos?

Llega la hora de la presentación. Los jefes de la empresa se sientan esperando uno de los típicos discursos de la serie. Draper se alza frente a ellos y empieza a hablar. Primero expone las dificultades de publicitar un producto caro, defectuoso y para un grupo muy específico de personas. Tras este inicio desconcertante que descoloca a todos los presentes, el publicista describe el anuncio televisivo: “Un hombre, elegante, guapo, un triunfador, pasea por las calles de Nueva York. Entonces tropieza ligeramente con algo. Extrañado, se agacha al suelo y descubre un pequeño hilo atado a una señal. Este hombre empieza a seguir el hilo, que le lleva a través de calles, avenidas, tiendas hasta llegar a las puertas de un lujoso hotel. Continúa su camino siguiendo el interminable filamento pasando por los pasillos, habitaciones y piscinas del complejo. Finalmente ve como el hilo se introduce en una puerta entreabierta. Nuestro hombre, intrigado, se decide a abrirla. Al otro lado vemos las piernas cruzadas de una mujer; en una de ellas lleva una media, en la otra solamente el hilo atado con un lazo a su tobillo. “Medias (      ), muéstrale el camino”.

Todos los presentes quedan encantados con el anuncio y se deciden a llevar a Draper a cenar. Este intenta negarse pero sus compañeros se lo exigen. Finalmente vemos la casa del publicista. Son altas horas de la noche. Un taxi llega hasta la puerta y Draper baja de él con claros síntomas de embriaguez. Entra en la casa y todo está en silencio y a oscuras. Pasa a la habitación pero no ve a nadie. Recorre entonces, en la semioscuridad, todas las salas y pasillos de su hogar, solitario. Finalmente retorna a su habitación y ve los armarios de su esposa vacíos, excepto por un detalle: las medias.

 

 

 

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