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Javier Rebollo, Jorge Sanz y las mil maneras de pedir un café Miguel Pérez-Urría, Responsable del Área de Cinematografía de TAI, habla sobre el inicio del Curso de Dirección de Actores y Puesta en Escena+

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/VIRGINIA ROTA

-Un café, por favor.
-¡Mal! – grita el director desde su silla. Otra vez ¡Acción!
-¿Me pone un café?
-Mal, así no ¡Acción!
-Póngame un café.
-Mal, ¿En qué estás pensando? ¡Acción!- el director se desespera.
-Un café.
-Mal, muy mal. Otra toma ¡Acción!
-Café.
-Mal, mal, mal, así no. Vamos de nuevo ¡Acción!

Javier Rebollo ha inaugurado el curso de Dirección de Actores y Puesta en Escena. Lo ha hecho con pasión, con carisma. Javier es de esos directores que entienden el cine como una manera de vivir. Tiene un discurso cinematográfico como pocos. Te atrapa con sus palabras. Sueña el cine. Aprecia la belleza y la poseía en detalles a veces minúsculos. Sabe que la perfección no existe y que, a menudo, las mejores cosas provienen de un error, de un imprevisto. Esa mirada distraída y robada que el actor lanzó a la nada después de que el director dijera “¡Corten!” se convirtió, una vez montada, en ese momento que tanto nos emocionó. Ese balbuceo impreciso del actor que no encontraba las palabras nos provocó aquella sonrisa impagable e imprescindible en medio de toda aquella melancolía. “No me fío de quien no tiene defectos”, dice. Con esta declaración de principios Javier Rebollo nos enseña su manera de acercarse al cine como algo orgánico, vivo, en permanente construcción. “No hay que correr detrás de las ideas. Hay que permitir que ellas te abracen”. Las ideas siempre te terminan abrazando cuando les das tiempo, amor y oficio. Javier ama a los actores. Les da espacio. Ellos son el elemento más frágil. Se exponen constantemente. Cada actor tiene su propia naturaleza y metodología. Por eso cada rodaje es un mundo, una experiencia distinta en la que hay que inventarse de nuevo. Pero esa es precisamente la gracia y la fortaleza de los directores que, como él, son conscientes de vivir una aventura sin un destino preciso.

 

El sábado por la mañana, después de la sesión sugerente del viernes, vino Jorge Sanz y entre ambos crearon una atmósfera especialmente emotiva. Jorge es de esos actores que parecen llevar toda la vida. En su caso, además, es cierto. Comenzó de niño y ha intervenido en más de ochenta películas. Ha trabajado con los más grandes y de todos ha sacado una experiencia vital, incluso de los que, como Almodóvar, no conectaron con él. Pero de eso también se aprende. Nos habla de Aranda, de Martínez Lázaro, de Masó y, por supuesto, de Fernando Trueba quien le dio una gran proyección internacional con Belle Epoque y a quien admira por su forma de entender a los actores. A pesar de su juventud madura Jorge Sanz es un actor de siempre, de los que transmiten el oficio de interpretar. Tuvo la suerte y el honor de criarse, profesionalmente hablando, con maestros como Fernando Fernán Gómez, uno de esos cineastas de casta de los que se aprende todo y del  que contó unas cuantas anécdotas maravillosas.

Muy recomendable y sugerente la serie que hizo junto a David Trueba ¿Qué fue de Jorge Sanz?. Cuando llegas a esto es que ya lo sabes casi todo.

Y sí. Hay muchas maneras de pedir un café: “más despacio, más deprisa, más alto, más bajo”

Miguel Pérez-Urría
Responsable del Área de Cinematografía y TV en Escuela Universitaria TAI

 

 

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