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‘La huelga’. Incubando la grandeza Por David Reszka+

La Huelga (1924) es la primera película de Sergei M. Eisenstein. Para el/la que todavía no haya visto nada de la filmografía del director (imprescindible El Acorazado Potemkin, casi tanto como Ciudadano Kane), ya puede ir a un videoclub o a alguna tienda de cine y comprar sus películas, pues son una clave esencial y necesaria para comprender el desarrollo del Séptimo Arte en épocas posteriores. El título en cuestión trata sobre la huelga que quieren llevar a cabo los obreros de una fábrica rusa por las condiciones de explotación a las que se ven sometidos. El director de la empresa, vista la situación, decide informar a sus superiores, y estos a su vez avisan a las autoridades para que pongan orden en la zona. Sin embargo, cuando uno de los trabajadores se suicida por ser injustamente acusado de robar un micrómetro (25 rublos – lo que supone una semana sin paga), sus compañeros deciden ir a la huelga.

‘El dominio del montaje de Eisenstein en La Huelga demostró al mundo que la fuerza del cine residía en el orden de los planos y en los encuadres e iluminación de los mismos’


El dominio del montaje de Eisenstein en La Huelga demostró al mundo que la fuerza del cine residía en el orden de los planos y en los encuadres e iluminación de los mismos. La superposición de fotogramas, las interpelaciones con el espectador, las imponentes muchedumbres y las imágenes crudas y directas (un bebé es arrojado desde lo alto de un tejado, los empresarios se limpian con los derechos de sus trabajadores, gatos ahorcados) son algunas de las muchas características de la obra del director ruso. La presentación de los personajes rompe huelgas, asociado cada uno a un animal, resulta soberbia, y hoy en día podría utilizarse perfectamente para introducir a los protagonistas de cualquier sátira social. Los magnates directores de las fábricas son retratados como gordos fumadores y alcohólicos que desprecian a sus trabajadores y sus derechos, puro arquetipo. La policía es representada como un arma contra la sociedad, a la que repele, subyuga, provoca y, finalmente, masacra en un desenlace devastador.

Algunas imágenes de La Huelga son una gesta de lo que Eisenstein llevará al máximo en El Acorazado Potemkin, como la madre y el niño que se acercan a los soldados que están a punto de abrir fuego (véase la impresionante secuencia de la masacre de la escalinata de Odessa donde la madre y su hijo malherido son ejecutados a sangre fría por los cosacos rusos). Otras están cargadas de un significado metafórico, como la vaca degollada (el derramamiento de sangre de los trabajadores) y el tintero caído sobre el mapa del pueblo (la plaga policial se extiende por las calles del barrio de los obreros).

 

 

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

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