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La soledad de los números primos Por Alexandra H. Gail+

Después de varios años de su estreno en Italia , la adaptación de la lacrimógena novela de Paolo Giordano a la gran pantalla llega a las salas españolas -cosas que pasan-. Es un suponer, pero… quizá ha tardado tanto en estrenarse aquí por miedo a las represalias. Ya en 2010, cuando la cinta vio la luz por primera vez, recibió muy duras críticas a este lado del Mediterráneo. Críticas que, después de haberla visto e interiorizado, veo sinceramente injustas.

Prácticamente todo lo que había leído sobre esta película era un menosprecio absoluto hacia gran parte del equipo: al director Severio Constanzo, incluso al bueno de Giordano, que ayudó a guionizar su propia obra -y eso que ha sido y sigue siendo tremendamente aplaudida- y muy especialmente al elenco, al que han acusado de ser incapaz de sentir o hacer sentir… Sí, eso han dicho. Un elenco que, sin embargo, a mí personalmente, con muy poco, me ha puesto los pelos de punta. Lo digo en el buen sentido.

Y digo ‘con muy poco’ porque la sutilidad de las interpretaciones es digna de admirar, e incluso de imitar si nos ponemos didácticos.  El juego de miradas, de susurros, es constante y embriagador. No hacen falta las palabras. Los actores se desnudan ante nuestros ojos de forma muy paulatina, entre flashbacks e imágenes hermosas… y creo que eso es un regalo. El mundo interior de sus personajes sobrepasa la pantalla. Mattia y Alice, Alice y Mattia. Ambos son consecuencia de los traumas de su infancia. Aquellos a quiénes señalaban en el instituto por ‘ser raros’. Se conocen siendo adolescentes, se atraen, pero no se tocan, nunca lo harán, como dos números primos gemelos, de ahí el título que precede a la novela y a la película.

‘Lo que se nos presenta en esta cinta es todo un desglose sobre las conductas humanas. Qué nos ha llevado a ser como somos, qué puede cambiar nuestra actitud con el mundo, qué puede llegar a destruir nuestro espíritu e incluso nuestro cuerpo’

Esta es la premisa, pero en el fondo lo que se nos presenta en esta cinta es todo un desglose sobre las conductas humanas. Qué nos ha llevado a ser como somos, qué puede cambiar nuestra actitud con el mundo, qué puede llegar a destruir nuestro espíritu e incluso nuestro cuerpo. Quizá a mí me haya apasionado esta película precisamente porque -como creo que a cualquier actor, tanto veterano como en potencia-, estas preguntas siempre me están rondando en la cabeza…

Por eso puedo entender que no a todo el mundo le apetezca hacer un ejercicio de introspección… que al espectador la historia se le antoje lenta en según qué circunstancias, incluso que algunas interpretaciones le parezcan tan pausadas que le den ganas de meterse en el papel, levantarse y traspasar el celuloide para hacerles hablar de una vez alto y claro. Pero ese sentimiento es necesario para meterse en esta historia. Los personajes no van a hablar sobre lo que les pasa hasta que no estén preparados, y eso nosotros tenemos que asumirlo desde la butaca. Expectantes, comprensivos y empáticos. Éste es el juego, y quien no consiga entrar en él no será capaz de valorar esta película de forma positiva.

 

 _Alexandra H.Gail @AlexandraHGail

 

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