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‘Lo que pasa en ‘Aquí y allá’ es lo que no quiero que pase en la realidad’ Alexandra H. Gail entrevista al cineasta Antonio Méndez Esparza+

 

Miércoles 27 de febrero. Nieva en Madrid. Me dirijo a los Cines Verdi, donde se ha convocado a la prensa para ver el primer largometraje de Antonio Méndez Esparza, ‘Aquí y allá’, que se estrena en cines este fin de semana.  Mi intención después es entrevistar al director, quizá en el hall del cine, que es bastante acogedor, o quizá en una de las butacas de la sala… Llego al lugar. Son las diez de la mañana. Descubro asombrada que hay un cúmulo de periodistas esperando ante una puerta cerrada a cal y canto. Sigue nevando. Tres técnicos intentan abrir las puertas de los Verdi sin éxito. Ya son las once de la mañana. Sigue nevando. Seguimos esperando en la calle.

Normalmente cuando voy a ver una película para después entrevistar al director o los actores no suelo hacer una crónica, simplemente me limito a escribir la entrevista precedida por algunos datos curiosos sobre la película. Pero esta vez tenía que hacerlo, tenía que contarlo. Si al lector no le interesa saber lo que pasó momentos antes de entrevistar a Antonio Méndez Esparza, puede tranquilamente bajar el cursor de la página con el ratón y empezar a leer la entrevista directamente. Si no… puede seguir con estas líneas…

Muchos periodistas perdieron la esperanza de ver la película ese día. Muchos se fueron a casa resignados. Yo resistí junto con unos pocos valientes… La responsable de prensa nos hizo varias sugerencias: o ver la película en Filmin con un código cada uno en nuestra casita y entrevistar al director por la tarde (difícil para todos), o… ir a la productora de la película Aquí y Allí Films en ese mismo instante, ver allí la cinta y hacer allí la entrevista. Optamos por la segunda opción. Éramos cuatro periodistas, cogimos un taxi y nos fuimos directos a la dirección que nos habían dado.

A la puerta nos esperaba Pedro Hernández, el productor de la criatura de Antonio. Muy amablemente nos llevó hasta ese lugar donde intentan hacer realidad los sueños de muchos directores y guionistas. Bajamos por unas escaleras de caracol. Eran los bajos de un gran edificio del centro de Madrid. Un sitio muy pequeñito, humilde, muy entrañable. Pedro nos pregunta que cómo queremos ver la película. Nos miramos desconcertados. Todos habíamos dado por hecho que veríamos ‘Aquí y allá’ en pantalla grande, pero eso iba a ser imposible. Como buenamente pudo nos montó un cine improvisado: cuatro sillas y la pantalla del ordenador. Nos puso uno de esos DVDs que se editan para conquistar el corazón los ilustres académicos de nuestro cine con el fin de conseguir, con un poco de suerte, una nominación a los Goya. En el caso de ‘Aquí y allá’ no pudo ser.

 ‘Es precisamente ésto, el saber que Pedro es Pedro, y que lo que vemos en pantalla es el mundo de Pedro en la realidad, que no hay personajes sino personas,  lo que hace a esta película tan particular y podríamos decir en cierto modo… tan experimental’

Pedro nos dejó a solas para ver tranquilamente la película. Media hora después apareció otro valiente periodista, le abrimos la puerta como si fuera nuestra casa. Ya eran cinco sillas frente a la pantalla de un ordenador. De esta forma tan íntima vimos ‘Aquí y allá’, la historia de Pedro de los Santos -tocayo del productor-, un mexicano que regresa a su pueblo, en Guerrero, después de pasar un largo tiempo en Estados Unidos. El argumento parte de algo muy real, de la vida del que fue actor en uno de los cortos de Antonio. Pedro de los Santos no es un personaje ficticio, es su propia vida, su propio pueblo. Allí tiene su propio grupo de música, Copa King… Al volver a México hace un gran esfuerzo por recuperarlo y por normalizar su vida familiar. Es precisamente ésto, el saber que Pedro es Pedro, y que lo que vemos en pantalla es el mundo de Pedro en la realidad, que no hay personajes sino personas,  lo que hace a esta película tan particular y podríamos decir en cierto modo… tan experimental.  Terminó la película y esa fue la sensación que se me quedó.

Cuando ya salían los créditos en la pantalla del ordenador, Pedro -el productor que no el actor-, apareció en la productora con Antonio, con una gran empanada de atún, unas botellas de agua y algunas cervezas -sin alcohol-. Así conocimos a Antonio Méndez Esparza. Y en esta tesitura comenzamos una entrevista que más que una entrevista parecía una charla entre colegas…

Escena de ‘Aquí y allá’

Para empezar me gustaría que nos hablases del precedente de esta película, que es tu último corto “Una y otra vez”,  y de por qué decides llevar la ‘realidad’ de Pedro de los Santos, actor de este corto, a un largo…

Hice tres cortos muy parecidos. Eran tres historias de amor y desamor entre inmigrantes. Eran personajes distintos, en el primero era una pareja de jovencitos, en el segundo un camarero y una prostituta y en el tercero un trabajador de una fábrica y una camarera… Pero la historia era un poco igual siempre… Incluso mis amigos se reían, me decían que siempre hacía la misma película. Yo les decía que no, que era distinta claro… (risas). Trato de ir acercándome a un mundo que desconozco, que es el mundo de los inmigrantes ilegales, porque yo estoy en Nueva York, pero estoy en una posición muy cómoda. El último trabajo en el que creo que me acerco más, pero no del todo bien, es con Pedro. Con él descubro la posibilidad de hacer una película si no es sobre el amor entre inmigrantes, sobre algo que cuando él me lo cuenta me parece más real y más bonito, que es la vuelta con tu familia, ese reencuentro. En la película que escribo en un primer momento él va a volver y la situación va a ser tan difícil que tiene que regresar a EEUU. Pero en un principio no contemplo la dificultad del reencuentro, ni la multitud de historias que pasan en el pueblo… Todo eso es algo que descubro al viajar. Ahí es donde confirmo. En un principio tengo miedo de hacer una película porque digo, esta película igual no… pero cuando llego allí veo que tiene mucho más sentido. Me empapo de las historias que me cuentan, que veo…

Parece realidad, pero todo es ficción, porque ellos son conscientes de que les estoy grabando y de que están interpretando, porque ellos no son familia en la vida real

La película parece beber del documental, por la imagen, por el montaje, por ese esmero por plasmar una realidad… ¿es en realidad tal la influencia de este formato?

Yo digo documental en el sentido de poca gente y rodaje muy íntimo, pero ahora mismo huyo de la palabra documental porque para mí no se ajusta demasiado… Siempre estoy pensando en ésto porque la realidad es que sí, es la casa de Pedro, él vive allí, Teresa es su mujer en la realidad, pero las niñas no son sus hijas… Todas las situaciones que vemos no están pasando en el momento en el que las rodamos… Quizás cuando le da el biberón al bebé, es el único instante que ‘robamos’, pero en ese momento él también tenía que estar un poco preocupado, osea que está medio actuado. En ese caso te aprovechas de la realidad. Es muy fina la línea. Es como si hacemos una película de esta entrevista… dentro de un año nos reunimos y decimos, ¡venga vamos a rodar lo que hicimos en aquella entrevista! ¿Eso es documental o no?

Por aclarar al espectador entonces… ¿dónde termina la realidad y empieza la ficción?

Yo diría que todo es ficción. Parece realidad, pero todo es ficción, porque ellos son conscientes de que les estoy grabando y de que están interpretando, porque ellos no son familia en la vida real. Siempre estás construyendo en base a la realidad, por ejemplo, hay una escena en la que Teresa va con su madre al mercado, como habrán ido en su realidad, pero de alguna manera, impones que vayan esa vez, que la madre hable de cuando volvió Pedro, que en realidad ha pasado más de un año y medio, y se invente que ha vuelto ayer… (risas). Siempre están ellos utilizando sus experiencias, pero reconstruyendo una ficción distinta.

Entonces los guiones no estaban cerrados… tú les decías la situación y ellos improvisaban un poco el texto…

Claro. Cada escena era muy distinta. Había escenas más claras, como la parte del hospital, y otras mucho más improvisadas. Quizás a mí me gusten más las improvisadas, como la escena de la guitarra… o en la que él pone a sus hijas su primer CD… ¡Me gusta que las niñas se mueran de la risa! Yo sabía que es lo que iba a pasar, que se iban a reír sin parar… Yo les decía alguna instrucción, pero ellos nunca memorizan nada. Les decía de qué trataban las escenas, pero el resto… que ellos dijeran lo que quisieran.

Fotograma del film

¿Por qué decides trabajar con actores no profesionales? Para muchos es un riesgo…

Yo creo que no. En este caso sobre todo. Si no conoces la realidad de ese lugar, y quieres hacer un retrato de ese lugar… pues puedes llevar actores del DF, pero… allí en Copanatoyac no hay actores, entonces, ¿cómo lo haces? No hay otra manera. También podrías coger un pueblo, inventarte un nombre, llevarte a los actores… pero esa no es la película que quería hacer. Quería hacer un retrato de ese lugar y construir una historia de ese lugar con gente de allí. Las escenas muchas veces son un intercambio de información, de preguntar, ‘¿cómo harías tu ésto?’, y que te digan, ‘pues yo lo haría de otra manera y tal…’ Te vas enriqueciendo y vas conociendo mejor sus vidas y tratando de representarlas más de acuerdo a cómo son. En el guión de hecho había muchas cosas que no pasan, por ejemplo el campo de milpa se inundaba y eso pues es imposible, lo que pasa en realidad es que se seca. 

Cuando te pones a escribir el guión, ¿sabes  si Pedro tiene en mente volver a Estados Unidos?

No, Pedro sigue en su pueblo y sigue con su grupo. Lo que pasa en la película es lo que no quiero que pase, pero construyo esta película con esta idea de ‘lo que podría pasar’. Siempre está la idea de que él tiene que volver, el momento plasmado en la película es como un tiempo de vacaciones, un tiempo corto con su familia. Es como una excepción en su vida… Si cogemos por ejemplo los doce últimos años, pues ha pasado cuatro en México y doce en en Estados Unidos.

¡Qué excitante es descubrir! Pero claro, lleva mucho tiempo… al equipo técnico es verdad que no le gusta nada esto de descubrir…’-¿Dónde filmamos hoy?- ¡No sé! -¿Dónde pongo la luz? – ¡No sé! ‘

¿Cuáles son las dificultades de llegar a Guerrero con un guión, digamos… tan flexible?

Yo cuando llego con el guión cerrado y me planteo rodar digo, ‘este guión no sirve para nada, vamos a rodar y vamos a ver qué pasa’, a lo Kar-wai en ‘Happy Together‘ (risas), cosas así que has leído y dices, ‘¡pues voy a hacer lo mismo!’ Luego te das cuenta de que es muy difícil y de que, a parte, no tienes tiempo. Entonces hay un momento dado en que ese ensoñamiento con todo lo que sucede tienes que controlarlo. Tratamos de combinar la improvisación, el encontrar cosas allí, el dejarnos llevar con también cumplir con ciertas cosas que hay en el guión que son importantes porque son como anclajes para tener una historia que pudiéramos acabar. De hecho hay un momento en el rodaje en el que toda preocupación es poder acabar… Yo como director siempre quería descubrir, ¡qué excitante es descubrir! Pero claro, lleva mucho tiempo… al equipo técnico es verdad que no le gusta nada esto de descubrir… (risas) ‘-¿Dónde filmamos hoy?- ¡No sé! -¿Dónde pongo la luz? – ¡No sé! ‘ (risas). Era un juego entre improvisar o ceñirnos. Entonces al final lo que tratamos de alguna manera fue ‘planear la improvisación’.

Como extranjero contando una historia ajena, ¿te dio miedo caer en los tópicos?

Mucho. Mucho, porque además el tema de la migración mexicana está súper quemado, los propios mexicanos están hartos. Hay un tipo de cine que es como el cine inmigrante que cae en muchos tópicos… Tenía muchas banderas rojas. Tuve miedo, y cuando íbamos a filmar incluso más, porque yo me decía, ‘¿yo por qué hago esta película, que aquí no soy nadie…?’. Pero luego encontré en esa situación la única justificación, el hecho de que yo fuese un extranjero y quisiese hacer una película allí era lo que le daba validez al proyecto.

Hay un muro físico que separa México de Estados Unidos… ¿Cómo se relacionan los personajes con ese muro que no muestras de forma explícita pero que sin embargo está tan presente?

Los personajes saben de las dificultades de cruzar el muro, saben que pueden morir, pero no hacía falta decilo. Nadie se va descalzo o con lo puesto. Los coyotes, como los llaman, te sacan, te llevan, son un montón de pasos, los sigues y llegas… o no. Es verdad que se enfrentan a esa situación con un coraje admirable.  Incluso si les cogen, vuelven a intentarlo otra vez, no les intimida, tienen que hacerlo y lo hacen. Eso es lo que traté de mostrar. En el guión, incluso en la filmación, el cruce sí tenía algo más de mítico. Incluso había una escena en la que Pedro contaba cómo a él le había dado miedo cruzar, que había una cueva mágica y que él se metió… un poco metafísico. Había una parte en la que el chico joven trepaba el monte y se metía en la cueva… me gustaba mucho esa parte, pero solo el hecho de que Pedro le contara la historia de la cueva no funcionaba porque Pedro no se creía nada, decía: ‘¡pero por qué voy a ir a una cueva a meterme para coger coraje!’ (risas).

Uno de los descansos durante el rodaje

Los conflictos que has planteado tampoco son explícitos… ¿Es una de tus herramientas narrativas? Cuando hay violencia, no hacerla patente, si hay un peligro, no hacerlo patente…

Sí, trato de esquivar el dramatismo cinematográfico, porque yo creo que muchas veces el espectador es más consciente cuando menos le das. Creo que en la película hay como un reloj que sabemos que va pasando y como que estamos esperando a ver qué pasa. Es un juego muy interesante que es verdad que hay gente a la que le puede desesperar un poco, pero si entras, al final como que convives con ello. Hay como una ‘regla de la dramaturgia’ y es poner a tu personaje principal en un problema muy gordo al principio para que el espectador diga ‘a ver qué le va a pasar’… pero no me gusta ese mandato para trabajar, entonces huí mucho de ese tipo de estructura.

La película se vende como una coproducción México-España-EEUU. Tal y cómo están las cosas, parece algo tan difícil… Entonces, ¿cómo fue el proceso de sacarla adelante?, porque hoy en día hay muchos medios técnicos para rodar una película, digamos que es ‘fácil’… lo difícil es conseguir que llegue al público.

Yo creo que hacer una película no es fácil, a pesar de que hay más medios y tal, requiere mucha planificación y mucha intención. En el caso de esta película, es una película pequeña, y yo he tenido la suerte de que vivía en Estados Unidos y que allí de alguna manera, las películas pequeñas sí tienen una salida comercial: está Sundance, siempre hay alguna película que no ha costado nada a la que le va bastante bien, y luego, a parte, hay más dinero privado, la gente invierte en cine, entonces existe esa posibilidad. Como vivía allí conseguí un coproductor norteamericano, que le gustó mucho el corto, entonces me apoyó. Y luego aquí con Pedro Hernández -el productor-, levantamos también una parte del capital. Combinamos fuerzas, lo cual es muy bueno, porque empujamos la distribución aquí y allí, osea que la película va a tener mucha más visibilidad. Pero en un primer momento no sabíamos cuánto dinero íbamos a tener y yo iba a hacer la película igual. Yo me compré una cámara, una Canon hv20, y… simplemente hay que tener arrojo. Por ejemplo, cuando hice esta película, había una mexicana que se llama ‘Alamar’, una película que ha hecho el director completamente solo con un pescador y un niño, y eso a mí me inspiró mucho. Porque tu escuchas… ‘se puede hacer’, pero luego dices, ‘sí pero… ¿cómo coño lo haces?’. Ves gente que es capaz y eso te da mucho ánimo, el saber y ver que es posible, que tienen medios de distribución… Así que yo creo que es el tener una historia que se ajuste un poco a tus posibilidades, porque a lo mejor quieres hacer una con efectos especiales, los haces… pues oye bien, pero creo que es más difícil (risas). 

¿Con más presupuesto harías otro tipo de películas?

No… No creo… ¡O bueno no lo sé! Igual de extraterrestres… (risas irónicas)

 

 _Alexandra H.Gail @AlexandraHGail

 

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