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“Mi primer contacto con el medio cinematográfico, una experiencia vital” David Reszka nos narra su primera experiencia como director dentro del Curso General de Cinematografía y Artes Visuales+

Es duro ser cineasta. La rutina de un director de cine, de un ayudante de dirección, de un director de fotografía y la de otros muchos miembros de un equipo de rodaje puede resultar un infierno. Yo, desde mi corta experiencia, constato que grabar un cortometraje, aunque está lejos de ser una tarea complicada, sí requiere una capacidad de concentración y una pasión desbordantes. No obstante, el resultado siempre es satisfactorio, especialmente en el ámbito personal. Toda experiencia es buena y si estás rodeado de un buen equipo, mejor.

Mientras se graba surgen conflictos. Los actores no están a punto, la imagen no está bien iluminada, el encuadre que el director busca es imposible, la pértiga da problemas, los monitores de visualización tienen interferencias, un miembro del equipo está medio en coma por una gripe y otras miles de circunstancias adversas – y no exagero, son miles – son probables  en cada uno de los días de rodaje. La paciencia, muy necesaria en el día a día de cualquier persona, es la máxima virtud que debe poseer un director de cine.

‘Si algo he aprendido en mi primera práctica es que haber leído mucho o conocer millones de películas y directores no sirve absolutamente de nada si no se tiene madera de líder’

A finales de 2012 tuve que dirigir mi práctica de fin de semestre. Cuando se me encomendó esta ansiada misión tuve un momento de bloqueo. Se me ocurrieron todos esos desafortunados pensamientos que surgen cada vez que comienzas a hacer algo nuevo que siempre has querido realizar pero que no estás del todo seguro de cómo llevar a cabo. No quiero decir que me quedase en estado catatónico sin saber qué decir y hacer, pero sí tuve mis momentos de duda. Y señores, si algo he aprendido en mi primera práctica es que haber leído mucho o conocer millones de películas y directores no sirve absolutamente de nada si no se tiene madera de líder. Y ojo, que no me estoy refiriendo a la personalidad del cineasta en el ámbito, nunca mejor dicho, personal, sino la transformación que sufre cualquier hombre o mujer a la hora de ponerse frente a un equipo y tener que dirigirlos. Hay que saber manejar la presión, estar atento a todo lo que se puede aprovechar del medio en el que ruedas, controlar los nervios y, sobre todo, tener tu cerebro conectado, concentrado y envuelto en el proyecto que estás dirigiendo. Yo sufrí una transformación. Quizá mi equipo no lo notó porque había una estrecha confianza del día a día en clase pero yo, que soy el que mejor me conozco, la sentí. Pasé de ser una persona ligeramente reservada, incluso tímida, contradictoriamente con ciertos aires de egocentrismo, a una que, con la mayor templanza, eficiencia y rapidez posibles, dejando a un lado los sentimientos para poner al frente la cabeza, supo hacerse cargo de un grupo de personas con las mismas ambiciones que yo. Surgieron problemas, problemas considerablemente frustrantes, especialmente de iluminación. Y, aunque estoy seguro de que sin mi director de fotografía las cosas hubiesen sido mucho más complicadas, de una manera u otra, se hizo lo que yo quería. Se hizo lo que yo planifiqué, lo que yo ideé en mi cabeza, y esa, queridos lectores, es una de las mayores satisfacciones a las que puede aspirar un cineasta.

‘Hoy en día la gente tiende a buscar la originalidad extrema, llegando a una planificación excéntrica y excesivamente pasada de rosca, incluyendo saltos de ejes y de raccord’

Probablemente algunos piensen: ¿tanto para un corto así? o pues yo me esperaba más. Con mis palabras no intento justificar que mi proyecto sea el mejor, ni mucho menos, pues ha habido otros cortometrajes que me han parecido fascinantes y que dejan arrinconado mi trabajo. Pero no es algo que me importe. Es decir, yo no busco una medalla de oro, ni aplausos, ni palabras de honor – aunque sean gratificantes; lo que yo quiero es hacer MI CINE. Hoy en día la gente tiende a buscar la originalidad extrema, llegando a una planificación excéntrica y excesivamente pasada de rosca, incluyendo saltos de ejes y de raccord. Defiendo tanto como la vida misma este estilo cinematográfico, aunque no comparta sus ideales. Sin embargo, y como bien se supo apreciar en la sesión de evaluación donde proyecté mi cortometraje, yo opto por un lenguaje mucho más clásico, sencillo y con un montaje continuo, pero que al mismo tiempo cuente una historia que resulte nueva a ojos del espectador. En A Pickpocket’s Tale intenté mantener estas premisas clásicas que tanto he admirado desde que empecé a interesarme y amar el cine. Ya que el trabajo tenía que ser mudo, algo que agradecí por ser un primer contacto con el medio, decidí incluir de fondo una emotiva pieza de Tchaikovsky, The Seasons: June, al más puro estilo de los orígenes del cine. Con esto, una planificación clásica (plano general – medio – medio – general – escorzo – escorzo – detalle – etc.) y añadiendo en postproducción el necesario blanco y negro, salió este pequeño cortometraje que, personalmente, me parece de una belleza muy clásica y da a entender en todo momento lo que ocurre. Es mi primer trabajo profesional, mi primera práctica como estudiante y mi primer contacto con el mundo del cine detrás de las cámaras y, aunque tuviese la posibilidad, no lo cambiaría.

A Pickpocket’s Tale recoge algunos de los ideales cinematográficos con los que me he criado y que son plasmados en “estado principiante” en la pantalla

No es perfecto, está lejos de serlo y, aunque es cierto que a veces llegue a tener una excesiva plasticidad y resulte muy objetivo y distante, quizá estático, lo considero muy rico en imágenes. Reconozco que hay una primera parte, la sesión fotográfica, que no quedó tan bien como yo esperaba, pues tiene muchas carencias y una iluminación dañina (ahí es donde surgieron nuestros problemas con la luz del sol). Aun así, con sus pros y sus contras, me negaría a volver a rodarlo. Lo más probable es que si lo hiciese, perdería sus virtudes. Nunca volvería a grabar algo que ya he acabado. No hay nada como el original, puro, salido directamente del corazón del artista. A Pickpocket’s Tale recoge algunos de los ideales cinematográficos con los que me he criado y que son plasmados en “estado principiante” en la pantalla. Ahora que lo pienso, antes he dicho que uno de los factores más importantes para ser un buen director es tener madera de líder y, aunque es cierto, no se puede llegar a nada sin haber devorado miles de películas de todo tipo.

Con diecinueve años recién cumplidos he dado mi primer paso hacia lo que quiero que sea mi futura vida. Estoy satisfecho con el resultado y quiero seguir adelante. No cambiaría por nada del mundo lo que estoy haciendo. Para acabar me gustaría responder a una pregunta que se me ha hecho una decena de veces y que, desgraciadamente, muy pocas personas que quieran dedicarse al medio saben contestar: ¿por qué me gusta el cine?. A algunos se les quedará corta esta respuesta pero para mí resume, en esencia, mi visión del Séptimo Arte: me gusta el cine porque es la mejor manera de crear todo lo que quiero – y no puedo – ser en esta vida. Construir un mundo propio donde todo sea posible, donde las realidades con las que he soñado toda mi vida puedan llevarse a cabo y donde todo, absolutamente todo, tenga el sello de mi forma de ser y de mi manera de ver y concebir la vida. No hay nada más hermoso que poder crear.

 

https://www.youtube.com/watch?v=koS4tzHPEa0 

 

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

 

 

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