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‘Pesadilla en Elm Street’, el paso del tiempo Por David Reszka+

Cuando la joven Tina tiene una horrible pesadilla donde un hombre con la cara quemada y cuchillas en los dedos acaba con su vida, intuye que algo no va bien. Su amiga Nancy ha soñado con el mismo hombre, al igual que sus otros dos compañeros, Glen y Rod. Una noche, cuando los cuatro amigos duermen en la misma casa, Tina es brutalmente asesinada dentro de su propio sueño por aquel terrorífico hombre al que llaman Freddy Krueger. De ahora en adelante los tres jóvenes tendrán que luchar contra el sueño para que Freddy no les de caza en sus pesadillas.

Wes Craven se consagró como uno de los directores de cine más influyentes de los años 80 al dirigir la que fue, para la época, la película de terror más condenadamente terrorífica de la historia del cine. Sin embargo, Pesadilla en Elm Street envejece con gran dificultad y la cantidad de burdas secuelas/precuelas ha manchado su nombre a lo largo de los años. Hoy en día muchos de los adolescentes adictos a la acción y al gore que pueblan nuestro querido planeta no se sentirían mínimamente afectados por la escalofriante temática que plantea ni las controvertidas imágenes que muestra. Yo mismo reconozco que después de tantos años analizando cine, al verla por primera vez ni siquiera sentí el más mínimo interés por el “terror” que supuestamente debía generarse en mi interior. Todo esto es culpa de una industria que ha explotado hasta los límites más remotos un género que desde el cambio de siglo ha estado condenado al fracaso. Ahora se confunde el verdadero terror que infundían grandes películas del género como El Exorcista, Carrie, La Semilla del Diablo, Evil Dead, The Night of the Living Dead y El Resplandor por el repulsivo e innecesario topic gore. E incluso me atrevería a afirmar que el “gore” de los años ochenta como el que proponían las dos primeras entregas de Evil Dead o las colosales Z-Movies de George A. Romero, más otra inmensa cantidad de películas que ahora no me vienen a la memoria, es magnífico. 

Sin embargo, hoy en día encontramos típicas películas-basura, porque no tienen otro nombre, como la interminable Saw (no, no salvo ni la primera entrega), la vomitiva Hostel y los detestables proyectos-de-película de Alexandre Aja, Alexandre Bustillo y Juliem Maury que merecen arder en una hoguera junto a las demás.

«En el contexto de los años 80 fue una verdadera explosión de terror para las juventudes y abrió un nuevo camino hacia la manera de ver los ‘slasher’«

Para los que actualmente consideren que Pesadilla en Elm Street es una mala película, debo decirles que se equivocan notablemente. El título en cuestión habrá envejecido pésimamente y no contará ni con un maquillaje destacable ni con una banda sonora que despunte (hablaré de ella más tarde), pero no se le puede negar que en el contexto de los años 80 fuera una verdadera explosión de terror para las juventudes y que abriera un nuevo camino hacia la manera de ver los “slasher”. Comentaba el otro día con mis padres, que me repetían que cuando eran jóvenes no pudieron dormir durante varios días por el efecto que les causó, que una sociedad que no está preparada para tales dosis de terror es totalmente vulnerable a una película de estas características. 

«El hecho de que la muerte aceche en la intimidad, en lo cotidiano, en el inevitable mundo de los sueños, constituye una de las sentencias más atroces que se le puede imponer a una sociedad»

Claro que existían escalofriantes títulos de terror, pero ninguno de ellos había plasmado tan bien la impotencia y la frustración ante una situación irrevocable. El hecho de que la muerte aceche en la intimidad, en lo cotidiano, en el inevitable mundo de los sueños, constituye una de las sentencias más atroces que se le puede imponer a una sociedad. Saber que soñar, algo que no podemos evitar, sea la puerta de entrada a la muerte, construye una atmósfera tan férreamente claustrofóbica que resulta imposible escapar de ella con facilidad. 

Además de generar ese cubículo personal y psicológico de pavor y paranoia, las surrealistas imágenes que se plantean en las pesadillas de las jóvenes protagonistas (las menciono a ellas porque las de los dos chicos nunca se muestran físicamente) resultan escalofriantes. Lo desconocido, o también llamado innovador, siempre es visto con ojos incrédulos, tanto para bien como para mal. El hecho de que a Freddy Krueger se le alarguen los brazos varios metros mientras araña con sus garras las paredes de un callejón hoy día puede parecer absurdo, pero en el contexto de la época es verdaderamente siniestro. La escalofriante escena “inicial” donde la joven Tina es brutalmente desgarrada por Krueger a los ojos de Rod, surcando la habitación de un lado a otro, de abajo a arriba, retorciéndose en el techo, contiene una macabra hermosura, al igual que la sangre de Glen cubriendo las cuatro paredes de su habitación. La fuerza visual de estas imágenes me recuerda a la espeluznante visión de Danny Torrance donde la sangre mana de las puertas de los ascensores del Overlook Hotel hasta bañar al espectador.

«Muchos directores previos a Craven entendieron que el espacio de terror cinematográfico resulta más efectivo con la ausencia de música»

Algo que ha podido resultar criticable y que, en mi humilde opinión, degrada considerablemente la atmósfera de terror de la película, es la banda sonora. Evidentemente, y como constato por decimoquinta vez, hay que entenderla en ese entorno adolescente de la época. Por aquel entonces nadie estaba acostumbrado a una música que resultase tan obsesiva y, ¿por qué no?, perturbadora. Sin embargo muchos directores previos a Craven entendieron que el espacio de terror cinematográfico resulta más efectivo con la ausencia de música, y que los incómodos silencios sepulcrales ensalzan de manera escalofriante la sensación de terror que corroe las almas de los incrédulos espectadores.

«Todas las buenas películas de terror cuentan con personajes perfectamente desarrollados» 

Por otra parte quiero constatar que cuando veo una película me gusta creerme todo cuanto aparece en ella. Cada fotograma debe ser verídico, dentro de la inverosimilitud y fantasía del cine. Es decir, me gusta que si se está narrando una historia de terror, que los personajes puedan transmitir esa sensación mediante gestos, miradas y buenos diálogos. Si un protagonista pierde a su amante, que sufra por él, no que lo olvide a los diez minutos. Este es un problema que ocurre constantemente en el género de terror y desgraciadamente le resta puntos. Si se dan cuenta todas las buenas películas de terror cuentan con personajes perfectamente desarrollados (creo que valen todos los ejemplos que he puesto a lo largo del comentario). Muchos directores se centran en seguir el camino directos al objetivo y no quieren abrir las puertas que se encuentran a lo largo de esa travesía. Es cierto que pedir esto a una película que va directamente al grano es muy difícil, pero si Brian De Palma no hubiese dado la suficiente personalidad a cada personaje en Carrie, la película se hubiese venido abajo. En cambio es una obra maestra que pasó al culto instantáneo. 

 Creo que estas son dos de las pocas cosas que puedo echar en cara a este bellísimo culto de terror que ha aterrorizado a millones de niños, jóvenes adolescentes e incluso padres que no estaban preparados para tales dosis de horror. Por tanto podemos constatar que Wes Craven es, junto a John Carpenter y Tom Hooper, uno de los maestros del slasher. Aquí tienen la prueba.  Es una película que hay que ver una vez en la vida, un culto obligatorio. Y, si eres sensible, quedarás impregnado de su extremada violencia y de su terrorífica naturaleza.

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

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