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‘Tiburón’: Las fauces del arte. Un compromiso con el realismo. Por David Reszka+

El jefe de policía del condado a Amity se encuentra en una situación desesperada cuando un tiburón acecha las costas y se cobra la vida de varios isleños. Mientras la alcaldía se niega a aceptar el cierre de las playas por motivos de recaudación, Brody buscará por todos los medios, junto al oceanólogo Matt Hooper y al veterano cazador de tiburones Quint, un método para dar caza al animal.

Esta joya que Spielberg dirigió en 1975 se divide en dos partes: la primera hora, que es imprescindible para situar emocionalmente al espectador y la cual resulta una perfecta introducción para la segunda, el viaje a lo ‘Moby Dick’ que llevan a cabo los tres héroes donde buscarán por todos los medios dar caza al escualo. Esta estructura es verdaderamente llamativa porque en el mundo del cine destaca por su ausencia. Muy pocos directores han sabido encauzar una historia de tal manera que, al dividirla en dos partes, haya dado un resultado tan satisfactorio y emocionante. Si la hora de película que se centra en la búsqueda de la bestia bajo el mar, aquella de la que Herman Melville se sentiría orgulloso, no hubiese tenido un planteamiento de otros sesenta minutos, probablemente no hubiese resultado tan efectiva. 

«La verdadera esencia de ‘Tiburón’ reside en evitar mostrar el monstruo repetidas veces y realzar la intensidad de los momentos que preceden a la acción con un escalofriante silencio»

Muchos todavía se preguntan hoy en día por qué una película sobre tiburones causó tanta sensación en el público de los años setenta y por qué continúa siendo uno de los títulos fundamentales del cine moderno. Aparte de lo mencionado en el párrafo anterior, curiosamente, la verdadera esencia de ‘Tiburón reside en evitar mostrar el monstruo repetidas veces y realzar la intensidad de los momentos que preceden a la acción con un escalofriante silencio. Digo curiosamente porque precisamente fue Spielberg el que insistió en que, si el presupuesto de la película hubiese sido mayor, habría mostrado muchísimo más del tiburón. Desgraciadamente, o gracias al cielo, depende de cómo se mire, se crearon a mano tres prototipos de varias toneladas que daban más fallos que una escopeta de feria, especialmente porque el sistema hidráulico se estropeaba a causa de la corrosión que ejercía el agua salada sobre el mecanismo. Se necesitaban trece especialistas para manejar cada uno y por tanto era muy difícil tener planos claros del animal. Además, el hecho de grabar en pleno mar (aunque en la costa en la que se rodó se podía hacer pie varios cientos de metros) y no en un recinto cerrado, diezmó considerablemente las esperanzas de Spielberg de causar sensación con el prototipo del escalofriante tiburón asesino que su equipo había creado. No obstante, como ya constato por segunda vez, la esencia de la película reside en que tanto los personajes como el propio espectador desconocen el verdadero tamaño y el terrorífico aspecto del devorador. Ambos se encuentran expectantes, aterrados por lo desconocido, aunque pueden sentir su presencia. Precisamente que el espectador vea más de lo que realmente se ve (el perfecto montaje y la planificación de las escenas dan continuamente la sensación de que el escualo está ahí, a pocos metros de distancia, aunque realmente no haya nada) constituye un verdadero hito del que pocas películas pueden jactarse. La elipsis del tiburón, escondido y desdibujado, construye un mayor nivel de suspense, realismo y terror que funcionan tan bien que es imposible no sentirse con el agua hasta el cuello en todo momento.

 

«Me resulta imposible imaginar un reparto más adecuado que con el que cuenta Tiburón»

Otro factor que me gustaría remarcar, y que no quiero que mis lectores pasen por alto, es que el reparto, que no cuenta con grandes estrellas hollywoodienses del momento, no podría haber sido mejor. Inicialmente se barajó la posibilidad de que el mítico Charlton Heston protagonizase la película, al igual que también se tuvo en cuenta el nombre de Robert DuVall, Jeff Bridges, John Voight, Joel Grey y Timothy Bottoms, todos fueron actores que podrían haber tenido el privilegio de encarnar a Hooper, el personaje de Richard Dreyfuss, y Sterling Hayden y Lee Marvin estuvieron a punto de convertirse en huraños cazadores de tiburones si un glorioso Robert Shaw no hubiese dejado boquiabierto a medio mundo con su insuperable actuación en ‘El Golpe’ pocos años antes. Honestamente, aunque a veces tienda a pensar “qué bueno hubiese sido que tal actor hubiese encarnado a este personaje en vez de X”, me resulta imposible imaginar un reparto más adecuado que con el que cuenta Tiburón.

Roy Scheider como el agente Martin Brody es el verdadero héroe de la película, no solo por vencer sus miedos, adentrase en la inmensidad del mar y enfrentarse cara a cara con el gran tiburón blanco, sino porque es la clara personificación de la angustiosa sensación que corroe las entrañas del espectador, al igual que sería Ellen Ripley en Alien, el octavo pasajero. Richard Dreyfuss, en cambio, es un personaje pasivo, que se muestra toda la película en un segundo plano. Jovial y alegre, se toma las cosas con calma. Demuestra claramente sus diferencias con Quint (el personaje de Shaw), pero nunca pierde los estribos. Sin embargo Quint, que podría considerarse en ciertos momentos, junto con la corrupta alcaldía de Amity que se niega a cerrar las playas por temas de recaudación, un antagonista, pues su carácter hosco, desagradable y machista puede resultar incluso desagradable, termina por ser un personaje al que se coge aprecio, especialmente cuando narra aquella tenebrosa historia que sufrió en el buque Indianápolis años hay que nos explica el porqué de aquel carácter tan deshumanizado e independiente.

Todos los personajes están perfectamente caracterizados a los pocos minutos de su aparición. Su desarrollo y los lazos de unión que se hilvanan entre unos y otros son una verdadera delicia. Spielberg también representó con maestría la frustración ante una situación irremediable: la alcaldía de Amity se niega a cerrar las playas arguyendo que causaría demasiada sensación en la prensa. Ellos no se pueden permitir tal desgracia, por lo que las playas seguirán abiertas y el tiburón continuará con su carnicería. Desgraciadamente, aunque esta premisa pueda resultar a primera vista incoherente, todos estamos de acuerdo en que el que tiene el poder sólo mira por el beneficio y no por la seguridad del pueblo, mayoritariamente.  

«Magníficas secuencias y planos, de entre los cuales muchos muestran tanto como un extenso diálogo»

¡Y qué decir de la magnífica pieza maestra que creó John Williams! Una espectacular obra que sirve para evocar la presencia de la criatura incluso cuando no la vemos, y cuya efectividad resulta impresionante frente a su sencillez. No dudó La Academia en otorgarle un merecidísimo Oscar, al igual que a los efectos sonoros (ahora no puedo evitar recordar el grito de la ballena en la oscuridad de la noche mientras Quint, Brody y Hooper ríen y cantan mientras beben). El tercer Oscar que obtuvo Tiburón fue por un montaje tan sobresaliente que a duras penas resulta perceptible (la premisa básica de cualquier montaje cinematográfico). Magníficas secuencias y planos, de entre los cuales muchos muestran tanto como un extenso diálogo; por ejemplo cuando la vida del hijo de Brody ha corrido peligro por culpa del tiburón, el jefe de policía mira al mar y parece que este se acerca al objetivo. Con un plano tan sencillo cualquier espectador atento captará el mensaje: Brody va a superar sus miedos y se va adentrar en el océano para acabar con el escualo cueste lo que cueste. La vida de su hijo ha corrido peligro, ha sido el detonante, la motivación definitiva, y no va a dudarlo dos veces. O también cuando, al comienzo de la película, y a escasos segundos de haber terminado los títulos de crédito iniciales, el corte que pasa del “paseo fantasma” en el que la cámara es el morro del tiburón a la escena de la playa donde los jóvenes adolescentes beben alrededor de una hoguera. La música de John Williams desaparece nada más realizar ese primer corte, los diálogos brillan por su ausencia y entendemos el mensaje: algo malo va a ocurrir. El tiburón se va a cobrar su primera víctima. Otro momento destacable sería la imagen del bote donde Brody, Hooper y Quint se alejan de la costa y donde la cámara muestra la escena a través del esqueleto de la mandíbula de un tiburón.  

«Más de trescientos millones de dólares embolsados en todo el mundo dieron un merecido prestigio a Spielberg y lo convirtieron en el “trending topic” de la época»

El éxito sin precedentes de ‘Tiburón’fue absolutamente inesperado, cogió de improviso tanto a los productores como al propio Spielberg, que no se podía imaginar que una cinta sobre tiburones (y anteriormente una sobre camiones – véase ‘El Diablo Sobre Ruedas‘) lo catapultase a la fama. Inicialmente los problemas en la producción se acrecentaron cuando los tres millones iniciales que iba a costar el filme se convirtieron en doce, y cuando los cincuenta días que iba a durar el rodaje pasaron a ciento sesenta. Todos estos inconvenientes, además de las disconformidades entre Spielberg y Peter Benchley, autor de la obra original, el cual abandonó el proyecto, estuvieron a punto de hacer que el famoso director se diese por vencido. ¿Pero qué demonios? ¡La película fue un rotundo éxito! Más de trescientos millones de dólares embolsados en todo el mundo dieron un merecido prestigio a Spielberg y lo convirtieron en el “trending topic” de la época. 1975 fue el año de referencia para muchos directores posteriores. La esencia del éxito de ‘Tiburón’ sería utilizada años después. Directores de renombre como Ridley Scott, John Carpenter o, recientemente, Matt Reeves, utilizaron la famosa técnica del “ocultismo” en ‘Alien, el octavo pasajero’, ‘La Cosa’ y ‘Cloverfield, respectivamente, para que sus películas contasen con la tensión sin precedentes y la claustrofóbica atmósfera de angustia que consagraron a la película de Spielbergcomo uno de los mejores cultos de la segunda mitad de siglo.

«Una referencia tanto para el género de terror y de suspense como para la ciencia-ficción»

Y para acabar, me gustaría mencionar un dato que me llamó mucho la atención. Hay una escena en la película donde Hooper dice, refiriéndose al tiburón, lo siguiente: “Es un organismo perfecto, un milagro de la evolución. Una máquina de matar sin precedentes.” ¿No les recuerda a algo? Quizá hayan oído esa frase en otra película que ya he mencionado antes. El personaje que pronuncia una frase muy similar resulta ser, efectivamente, el robótico Ash de ‘Alien, el octavo pasajero’. Scott conocía la técnica del ocultismo a la que tantas veces he hecho referencia en la entrada, de ahí que su obra maestra funcionase tan bien: se sustenta en el miedo a lo desconocido, en la claustrofóbica sensación de desasosiego que recorre los lovecraftianos pasillos de la Nostromo

En definitiva, no es de extrañar que Steven Spielberg tuviese decenas de proyectos en los años inmediatamente posteriores y que ‘Tiburón’ se convirtiese en una película de culto, una referencia tanto para el género de terror y de suspense como para la ciencia-ficción. Es una obra maestra sin precedentes, un indestructible pilar que sustenta, junto a otros tantos, la historia del cine.

_David Reszka – Critica Tu Cine @David_Reszka

 

 

 

 

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