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‘Tropa de Élite’, retrospectiva ‘BERLINALE 2014’ El alumno de Cinematografía Cesar Pereyra repasa algunas de las mejores cintas premiadas con el 'Oso de Oro'+

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“Ahora estás aquí, en Platz der Luftbrücke. Lo único que debes hacer es tomar el metro U6 con dirección a Alt-Tegel, bajarte en Stadtmitte, cambiar al metro U2 con dirección a Ruhleben, bajarte en Potsdamer Platz y caminar hasta el Sony Center. Si logras esto, sabrás cómo llegar al Zoo Palast de Zoologischer Garten y al Colosseum de Schönhauser Allee”.

Bienvenido a Berlín.

Camino al Berlinale Palast (un enorme teatro condicionado para las premieres del festival) comenzaba a sentir dos cosas: La gelidez de la capital alemana y la emoción de presenciar uno de los encuentros cinematográficos más importantes del mundo, a la par de Cannes, San Sebastián, Venecia o Mar del Plata (aunque no puedo negar la tremenda ilusión que me generan Londres y Toronto). Desde documentales experimentales (Sección Forum) hasta largometrajes que aún no han sido estrenados fuera de su país de origen (Competición oficial), todos conforman un centenar de proyectos que a lo largo de 11 días son presentados con un solo fin: obtener el prestigioso “Oso de Oro”.

Y qué mejor manera de empezar esta crónica que recordando algunas de las cintas premiadas con el dorado mamífero, desde la intensa “Tropa de Élite” (2008), pasando por las genealógicas “La Teta Asustada” (2010) y “Nader y Simin: Una Separación” (2009), hasta la teatral “El Cesar Debe Morir” (2012), todas con un claro compromiso social y una particular manera de retratar ciertas realidades que permitan definir a los personajes incluso antes de ser presentados. Comencemos.

tropa de elite

Allá por el año 2003 llegaba a mis oídos una película recomendada por tantas personas, que solo necesité de algunos días para darle una oportunidad. “Ciudad de Dios” (2002) cuenta la historia de Buscapé, un adolescente que debe compaginar su pasión por la fotografía con el instinto de supervivencia propio de los habitantes de una peligrosa favela. Desde aquel día hasta hace dos semanas, si alguien me pedía un referente del cine brasileño, lo primero que venía a mi mente era esta sensacional obra de arte. Hoy, mi respuesta es otra.

Ambientada en 1997, “Tropa de Élite” cuenta la historia del capitán de las fuerzas especiales BOPE, Roberto Nascimento, en su intento por apaciguar la delincuencia de la favela Morro Du Turano, ubicada en Rio de Janeiro, ante la inminente visita del Papa Juan Pablo II. A medida que la historia va desarrollándose, Nascimento no solo es víctima de las presiones políticas propias de su compleja misión, sino también aquellas personales y profesionales, a punto de ser un padre por primera vez y buscando un sucesor a su cargo, respectivamente.

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Teniendo como herencia las inquietudes sociales que el “Cinema Novo” masificó entre las décadas de los 50 y 60, José Padilha abarca su primera obra de ficción (luego de los documentales “Omnibus 174” y “Brazil´s Vanishing Boys”) enfocándose en un tema tan sensible como rutinario, a nivel local y regional: El círculo vicioso imperante en las clases sociales más bajas (pobreza, delincuencia, narcotráfico y corrupción). Lo que más resalta de esta película no es su contenido, sino la manera de ser contado, apelando a un montaje que desde los títulos de crédito iniciales nos da cierta idea del vertiginoso ritmo narrativo, planos de larga duración y rápidos movimientos con cámara al hombro siguiendo a los protagonistas sin darse tiempo de describir el lugar donde ocurre la acción. Todos estos elementos brindan una ligera pero necesaria vena documental, teniendo en cuenta la temática propuesta. Si han visto “Bloody Sunday” (2002) del  talentoso Paul Greengrass (también ganadora del Oso de Oro) podrán saber con mayor certeza a lo que me refiero.

Si bien he mencionado que el contenido es menos impactante que la forma, no quiero menospreciar el talento de Padilha por hacer que la transición entre la presentación y el desenlace del filme sea lo mejor, definiendo a cada personaje mediante situaciones de conflicto originadas por factores tan mundanos e identificables como el amor, el deber y la ética. El primero de ellos se ve reflejado más claramente en el aspirante Matías, encarnado sólidamente por el actor André Ramiro, oficial que debe decidir entre los sentimientos hacia una bella activista y el compromiso cívico hacia su podrida comunidad. El deber, en su faceta más cegadora y obsesiva, lo vemos en Neto, amigo de Matías y quien comparte la misma pasión por el “olor a napalm en la mañana” que tenía el recordado coronel teniente Bill Kilgore. Y luego tenemos al capitán Nascimento. Permítanme una pausa por favor.

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Wagner Moura, a quien hemos visto recientemente en la sólida “Elysium” (2013), brinda una sensacional interpretación como el capitán Roberto Nascimento. Considero de suma importancia la manera en la que un personaje es presentado, más aún si es protagonista, ya que un solo fotograma es suficiente para describirlo por completo. En este caso, las primeras frases de Nascimento (que no sean en off) son de autoridad, utilizando el dedo índice como clara señal de dominancia y poder, una tendencia que a lo largo de los 120 minutos solo se verá resquebrajada en contextos tan íntimos y vulnerables como el seno familiar.

Todas estás características se ven exponencialmente aumentadas cuando presentan la mano de un director que sabe lo que quiere y no teme romper ciertas reglas bíblicas del cine (bendito eje) con tal de generar en los espectadores el conflicto de los personajes. Los desgarradores interrogatorios de Nascimento, el emotivo encuentro con su hijo y el subjetivo desenlace son tres sencillos pero eficaces ejemplos de esto, constituyendo solo tres cerezas de un delicioso y muy adictivo pastel (la he visto ya 3 veces).

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Comenzar con “Tropa de Élite” no responde a un orden cronológico, sino al hecho de ser la más digerible y mediática de las cuatro películas que serán parte de esta pequeña reseña. Cada una con diferente ejecución, pero compartiendo algo tan imprescindible como escaso: Un punto de vista social que sirva como herramienta de cambio.

César Pereyra.
Alumno del Curso Avanzado en Dirección Cinematográfica.
 

 

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